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miércoles, 15 de octubre de 2025

Reflexiones de Gimnasio 5

 


Algo de lo cual me siento MUY ORGULLOSO.

Estuve recordando en estos días de aquellos en que me hicieron mi Proceso de Selección para pertenecer al Partido Comunista de Cuba (PCC). Siendo yo miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) llegué a la edad requerida para dar el siguiente paso: El Proceso de Selección al PCC. Ya he dicho en otros escritos que yo era “un joven revolucionario” *, para lo cual había sido debidamente educado y convencido. Pero a mí nunca me gustó (ni me gusta) pertenecer a ninguna organización ni acatar disciplinas partidistas ni grupales de ningún tipo. Pertenecí a la organización de la UJC porque había que “estar en el pastel”, como los demás jóvenes de mi entorno laboral. Eso en aquellos tiempos en Cuba podía abrirte caminos.

Pues bien, previa consulta personal, empezó mi Proceso de Selección para el PCC. Claro que acepté ser procesado, pero sinceramente, en mi fuero interno yo NO quería militar o pertenecer a la organización. La UJC podía ser por un tiempo, pero el PCC eran palabras mayores; acatar esa disciplina podía ser para toda la vida y eso no era para mí. Pero había que ser muy cauto y no mostrar tan evidentemente mi NO deseo. Podían empezar a verme como un desafecto a la "Revolución", lo cual en mi no era cierto. 

Durante el procedimiento empezaban a investigar tu vida por todos lados para comprobar si uno era realmente era un verdadero revolucionario, una persona con conciencia comunista merecedor de pertenecer al PCC. También habrían informes de tu actitud durante los años en el seno de la UJC, en el Comité de Defensa de la Revolución CDR de tu vecindario (especie de comunidad de vecinos), de tu vida y conducta personal, etc., aunque esas cosas no me preocupaban porque yo no tenía nada que esconder.

Entonces, por diversas causas (ninguna grave, como tenía que ser), tuve suerte en mi empeño de NO pertenecer al PCC. Las cosas se dieron de forma natural, sin mi esfuerzo personal. En el informe de mi Comité de Base de la UJC se señaló, entre otras cosas, que yo “no tenía combatividad revolucionaria”. Cierto. Para los efectos eso era más importante que si yo era un buen profesional, un buen músico-trabajador, un buen revolucionario, que sí lo era. Y en el informe del CDR de mi edificio, cuya presidenta era miembro del PCC, se dijo que “…El compañero NO ha participado en ningún acto de repudio en el barrio…”. Cierto también, de lo cual hoy, ME SIENTO MUY ORGULLOSO. Porque aquellos fueron actos de repudio multitudinarios (escraches se dice en España) en el año 1980, que se les hicieron a todos aquellos desafectos políticos con la llamada “Revolución cubana”, que emigraron hacia EE. UU. en yates y lanchas por el pinareño puerto de Mariel (unas 120 mil personas), como consecuencia de los “Crisis de la Embajada del Perú en La Habana”. En muchos de esos actos por los barrios hubo agresiones físicas y tiradera de huevos, piedras, destrucción de inmuebles particulares, muchas veces en contra y a pesar de los familiares que no se marchaban y se quedaban en Cuba. Por eso nunca participé en esos actos, ni siquiera siendo miembro de la UJC. Por lo tanto, por esos informes y por otras consideraciones de las cuales no me acuerdo, ninguna por las cuales me tendría que avergonzar, finalmente NO fui admitido en el PCC. Me alegré mucho porque fui sincero conmigo mismo. Conocí a otros que por conveniencias sí hicieron todo lo posible por militar en el PCC y lo lograron, como también vi a  otros que  fueron miembros por convencimiento propio.

Después de eso estuve trabajando en la Sinfónica Nacional de Cuba y en instituciones educacionales durante muchos años más, sin tener ningún problema. Más tarde, en el año 1991, la vida me puso en España. Durante mi vida en Cuba (y después en España) traté de ser un trabajador ejemplar e intenté dar mi máxima calidad como profesor, músico y solista. En 20 años de trabajo (en Cuba) solo falté al mismo 2 días, por enfermedad. Y después en España. solo cuando no podía levantarme de la cama. DE ESO TAMBIÉN ME SIENTO ORGULLOSO. Y en eso y en otras cosas, a lo largo de mi vida, si de algo sirve a mi relato, fui un verdadero “revolucionario”.

 

* En Cuba, alguien que era simpatizante de la llamada Revolución cubana y que tenía una actitud favorecedora hacia ella.

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Reflexiones de gimnasio 7

 


            Hace unos días asistí a una misa en una iglesia de la ciudad en donde vivo. Sabía que me iba a encontrar con muchos amigos y compatriotas conocidos. Por eso y por la importancia del ceremonial, me acicalé y me vestí con mis mejores ropas.

            Llegué unos minutos tarde. Así que entré en el templo y me senté en uno de los bancos para ver y oír toda la ceremonia que, además, fue acompañada de actuaciones musicales muy destacadas y emotivas para todos.

             Al finalizar el acto religioso me acerqué a saludar a los amigos conocidos allí presentes, que se encontraban al frente del altar. Entre saludos, risas, besos y abrazos a algunas amigas les llamó la atención, según ellas, mi buen estado de forma y presencia a mi edad. Yo les di las gracias y les comenté que intentaba cuidarme un poco y que además estaba asistiendo a un gimnasio varios días a la semana.

            En eso saltó un viejo conocido, y me dijo delante de todos:

            –Pues eso del gimnasio yo creo que es una pérdida de tiempo y de dinero, es comer mierda. Mira, yo no voy a ningún gimnasio y mira (encogiendo la barriga) cómo estoy, “planchao” y además he bajado de peso y ya casi no tengo diabetes.

            Me lo decía en serio.

            –Concho, mira qué bien. Me alegro mucho por ti–, respondí yo.

            –Y te digo más –siguió él–. El día de tu funeral me voy a acercar a tu féretro y te voy a decir: Acuérdate que te lo advertí…

            Yo me quedé perplejo y solo atiné a decirle:

            –Concho no, a mi no me gustaría ir a tu funeral para decirte lo mismo. ¡Hasta luego!

            Cosas que pasan. Después algunos dicen que soy raro.


 

Marcos M. Valcárcel Gregorio. Octubre 2025


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lunes, 13 de octubre de 2025

Sueño-pesadilla de músico.

 


















Sueño-pesadilla de músico.

            Hoy dormí una hora más que mis ocho habituales, y por eso supongo, tuve este pequeño sueño-pesadilla.

            Resulta que yo iba a participar en un concierto de marimba y piano en calidad de compositor-intérprete-diletante, o sea, yo era las tres cosas al mismo tiempo. A la vez que como compositor daba mis últimos consejos de interpretación al solista (o sea, a mí mismo), el pianista acompañante protestaba por los pequeños cambios de última hora mientras que yo, en mi trialidad o trinidad “sueñística”, ya me disponía a tocar. Pero en el momento de salir al escenario ¡no encontraba las baquetas a usar! Y el público, lleno de estudiantes y profesores, se desesperaba. A pesar de que tras bambalinas había montones de baquetas tiradas por todos lados, ninguna de ellas completaba la pareja necesaria. Yo estaba desesperado pensando que eso no me podía estar sucediendo. Mientras, mi parte diletante me decía: «No importa, con que tengas tres de ellas en las manos, da igual» y mi parte de intérprete contestaba: «¡Que no, que no da igual!» …y el público esperando durante diez minutos largos….

            Así que después de pasar mucho rato, de mucho sufrir, de mucho soñar, al no poder resolver el problema, como todo buen soñante, desperté.

            Vaya pesadilla…

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martes, 7 de octubre de 2025

FAUSTO GARCÍA RIVERA. Profesor de Batería cubano.

 FAUSTO

FAUSTO GARCÍA RIVERA
Profesor de Batería cubano.

(22 de febrero de 1929 – 14 de Julio de 1982)

Mi primer profesor de percusión, en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (ENA) fue Fausto García Rivera.

A la edad de 12 años se fue a los EE.UU a estudiar con Henry Adler, famoso profesor norteamericano de batería por cuyas clases pasaron el legendario Buddy Rich y otros famosos.

Después en Cuba alternó su actividad profesional entre la orquesta del Cabaret del Hotel Riviera, el Teatro Musical de la Habana y la enseñanza en diversos conservatorios, todo en la Ciudad de La Habana.

Fausto no era un percusionista completo. Era baterista y no se especializó en otros instrumentos clásicos como la Marimba o los Timbales de orquesta. Nunca lo vi tocar. Yo era un niño y no podía ir a sus actuaciones nocturnas. Los que sí lo vieron, dicen que no era un virtuoso pero conocía muy bien la música americana. Parecía un norteamericano y sentía mucha admiración por el Jazz y otros estilos latinoamericanos. Estaba muy orgulloso de haber estudiado con el mismo profesor de Buddy Rich y de haberlo conocido durante su estancia en Los EE.UU.

En los primeros años de la ENA no habían instrumentos y las clases se de daban en una caja sorda. De vez en vez Fausto llevaba su caja WFL a la clase. Recuerdo que sus manos lucían impecables. Usaba unas baquetas parecidas a las Regal Tip gruesas. Y su libro de cabecera, cómo no! era el Buddy Rich's Modern Interpretation of Snare Drum Rudiments. A continuación le seguía el Standard Snare Drum Method de Benjamin Podemsky. También nos enseñó los 26 rudimentos de la NARD.

Una vez llevó un xilófono propio a la clase y en él comenzó a enseñarnos algunos ejercicios a partir del Mallet Control for the Xylophone de George Lawrence Stone. Solo había una copia de los libros y en cada clase individual los alumnos teníamos que copiar la lección correspondiente en una libreta de pentagramas y los ejercicios en una libreta de escribir común. No existía la fotocopiadora ni otros medios comunes de hoy.

Como le he dicho a todos mis alumnos (mal dicho!) yo no era muy estudioso. Hacía sólo lo necesario para quedar bien y no tenía claro lo que significaba estudiar música. Pensaba que era una cosa natural porque en mi familia, de padre músico, la música era tan normal como comer o respirar pero de practicar, nada!

Cuento esto porque al pobre profesor nunca lo vi enfadado ni malhumorado y siempre estaba de un magnifico humor. Iba siempre de traje o con saco. ¡Si señor! En Cuba había gente que usaba traje! Y sus lecciones eran claras, divertidas, planificadas y muy bien dosificadas, dadas las limitaciones docentes de la época. Era una alegría ir a sus clases.

Tuvo innumerables alumnos a lo largo de toda Cuba pero principalmente de La Habana. Creo que todos los que estudiaron Batería en esa época pasaron por sus manos. Y tuvo mucho éxito enseñando. Fueron sus alumnos los bateristas Enrique Pla, Ignacio Berroa, Horacio “El Negro” HernándezCalixto Oviedo, entre otros, así como percusionistas: Luis Barrera Perea y mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio, actualmente titulares en sus respectivas orquestas sinfónicas.

Y probablemente, debido a sus éxitos como profesor, levantó muchas injustas envidias. La antigua lucha, ya al parecer superada, entre lo clásico y lo popular, entre el percusionista clásico y el baterista. Pero yo no recuerdo a Fausto hablando mal de ningún otro profesor de percusión ni menoscabando ningún tipo de música y sí llevándonos en su carro particular a ver algún ensayo de la Sinfónica Nacional de Cuba o alentándonos a escuchar grabaciones de jazz en un entorno docente academicista y muy comprometido con la música clásica.

Quizá, debido a la cruel, inmerecida y temprana enfermedad, no tuvo tiempo de recibir homenajes y su figura ha sido olvidada en los medios oficiales cubanos. Pero en los que fuimos sus alumnos nos quedará el recuerdo del magnífico profesor; entusiasta, simpático y buena gente.

Marcos M. Valcárcel Gregorio. Julio, 2009.

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