Aniversario 50 de la fundación del
Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA)
Año 2017.
Entrada del Instituto Superior de Artes de La Habana (ISA), hoy Universidad de
las Artes. De izquierda a derecha: Profesora Damarik Favier, Doctora Mary Rosa
Hernández (EPD), Yo, Profesor Alberto Batista Hernández, mi sobrino José
Enrique y mi hijo Marcos Luis. Foto cortesía de mi nuera Sylvia Suárez.
Por aquel entonces – julio de 1976- en Cuba no había ningún profesor de Percusión con título superior para impartir clases adecuadas al nivel. Así que se le encomendó al profesor Domingo Aragú, viejo reconocido músico y pedagogo cubano (no necesitaba título), encargarse del asunto. Para eso, a su vez, él delegó en el ya joven y prestigioso percusionista cubano Luis Barrera Perea. Mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio estaba en esos momentos culminando sus estudios superiores de Percusión en Poznan, Polonia.
Yo ya era, por aquel año, percusionista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN). Recuerdo que dudé entre presentarme a las pruebas de Dirección Orquestal —opción que me habría gustado mucho— o a las de Percusión. Al comentárselo a mi “mentor”, amigo y colega Luis Aragú, este me dijo:
–Muchacho, ¡coge el palito, que ese no suena…!
Y creo que él acertaba al recomendarme la Dirección de Orquesta, pero yo me consideraba demasiado noble de carácter para ponerme al frente de una orquesta de más de 60 músicos, que, jocosamente, también podían verse como 60 HH. de la gran P. con el cuchillo en la boca, dispuestos a joderte a la primera. ¡Ja, ja, ja! Además, en aquellos años, aparte de la OSN de Cuba, había en el país muy pocas orquestas sinfónicas de nivel. Entonces me decidí por lo que ya conocía: la Percusión.
Así que aprobé satisfactoriamente la prueba de admisión —recuerdo al maestro Gonzalo Romeu como miembro del jurado— e ingresé entre los primeros estudiantes de nivel superior de Percusión en Cuba.
Hay que decir que, en esos años iniciales, no contábamos con el material técnico ni con el instrumental necesarios. Por ejemplo, durante mi época en Cuba nunca tuve una marimba en mis manos. Además, no existían Internet, los archivos MP3 ni las fotocopiadoras. Así que aquello comenzó a funcionar con los libros disponibles y con lo que nos llegaba del extranjero cuando alguien viajaba. Barrera puso a nuestra disposición —como ya lo hacía cuando éramos colegas en la Orquesta Sinfónica Nacional— todo el material que recibía. En principio, tuvimos tres aulas: las dos últimas del pasillo que daba a la piscina del edificio y otra situada al frente.
Dos años después de la fundación del ISA, mi hermano Jorge concluyó sus estudios superiores en Polonia y regresó a Cuba. Como primer graduado universitario de Percusión, asumió, junto con Luis Barrera, la dirección del departamento de Percusión del ISA.
Entonces, aunque todavía era alumno, ellos me encargaron la asignatura de Conjunto de Cámara, que ya tenía acreditada por pertenecer a la Orquesta Sinfónica Nacional. Entre mis primeros alumnos y colegas recuerdo a Emilio Vega, Eugenio Arango (EPD), Juan Cisneros, Lázaro Poey, Miguel A. de Armas, Oscarito Valdés (EPD), Roberto Vizcaíno Sr., entre otros. ¡Qué gente, qué tropa, cuánto talento!
Casi todos ellos, como la inmensa mayoría de los alumnos de Percusión en Cuba, eran amantes de la música popular cubana, el jazz, el latin jazz, el rock y otros géneros. A mí también me atraían todas esas expresiones musicales. Por eso, ante la falta de literatura musical, lo primero que pensé fue cómo integrar y combinar elementos de la “música clásica o académica” con los de la “música popular”. No recurrí a los compositores conocidos de la época, porque mis inquietudes estaban más relacionadas con los intereses de los alumnos y con los míos propios. Recuerdo que mi hermano Jorge me dijo que el problema de escribir para percusión era que “los percusionistas no sabíamos nada de composición y, viceversa, los compositores no sabían nada de percusión”. ¡Ja, ja, ja! Entonces comencé a escribir música para mi asignatura y a realizar arreglos. Así surgieron mi “Danzón para Dos”, mi sexteto “Afroimagen” y, más tarde, “Invitación”, entre otras obras.
En esos años también surgió la asignatura de Percusión Cubana en el ISA.
Tal como digo en mi libro “La Percusión Popular de Cuba; sus instrumentos y sus ritmos”:
“En 1976 nació en Cuba el Instituto Superior de Arte de la Habana. Se puede decir que con su nacimiento surgió por primera vez en Cuba, la enseñanza académica de los instrumentos de la Percusión popular y folclórica.
Por iniciativa del profesor y compositor Carlos Fariñas (que por entonces era Decano de la Facultad de Música), el profesor Justo Pelladito -músico, cantante y bailarín del Conjunto Folclórico Nacional-, comenzó a brindarnos sus conocimientos en la recién estrenada institución. A partir de ese momento y como consecuencia de ello, los programas de estudios de las escuelas elementales y medias de música de todo el país instituyeron la enseñanza de estos instrumentos, los cuales no estaban contemplados en los planes de enseñanza de la música”.
Fue un verdadero acierto del profesor, compositor y decano de Música Carlos Fariñas. Gracias a él hubo una verdadera explosión a nivel nacional.
Las asignaturas a estudiar en la época, repartidas en 5 años, eran:
• Comunismo Científico.
• Percusión Sinfónica.
• Conjunto de Cámara.
• Piano complementario.
• Historia de la Música.
• Percusión cubana.
• Historia de los Instrumentos de Percusión.
• Metodología de la Enseñanza de la Percusión.
• Economía Política.
• Psicopedagogía.
• Análisis musical.
• Estética Marxista Leninista.
• Cultura cubana.
• Historia del Movimiento Obrero y de la revolución Socialista de Cuba.
Entre mis profesores conservo un cariño especial por quien fuera mi profesora de piano complementario durante aquellos años, Marta Bonachea. También recuerdo a mis profesores de Historia de la Música: el gran Federico Smith, un profesor bohemio, norteamericano y enciclopedia viviente, y Juozas Antanavičius , eminente profesor lituano llegado a Cuba mediante un convenio con los países socialistas. Este nos hacía 50 preguntas breves y también debíamos identificar fragmentos musicales del repertorio internacional que el tocaba al piano. No recuerdo el nombre del profesor de Comunismo Científico; solo sé que era psiquiatra del Hospital Psiquiátrico Nacional (Mazorra). Recuerdo asimismo a Odilio Urfé, profesor de Historia de la Música cubana. Les guardo especial agradecimiento a mi colega y compañero de orquesta, Luis Barrera, y a mi hermano Jorge.
Mi recital de graduación el día 15 de junio de 1981:
• Karolyi, Pál. “Formations” para Vibráfono.
• Milhaud, Darius. “Concierto para Marimba y Vibráfono”.
(Lo toqué en una Xilomarimba y me acompañó al piano mi excelentísima y querida colega en la OSN, Pura Oritz. Un lujo).
• Beck, John. “Sonata para Timpani”.
• Rudzinsky, Witold. “Variaciones y Fuga para percusión”.
Mi calificación fue la máxima: 5.
Después de graduarme, continué desempeñándome como profesor de Percusión y Conjunto de Cámara hasta 1991, año en que la vida me llevó a Vigo, España, donde continúo residiendo hasta hoy.
En 2017 viajé por última vez a Cuba y fui recibido muy amablemente en el ISA por mi amiga, la entonces decana de Música, Mary Rosa Hernández, profesora Damarik Favier, profesor Alberto Batista y el rector, Alexis Seijo García. Ese día participé en un conversatorio e intercambio con alumnos de Percusión.
Marcos M. Valcárcel Gregorio, Julio, 2026.
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Comedor de la ENA en el antiguo Country Club de La Habana
Casas en donde se estudiaba Música
Enrique Plá y Marcos M. Valcárcel durante una actuación en TV de orquesta de La ENA dirigida por el Prof.
El Coro mixto de la ENA con el director 







