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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

 




Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

          En plena Guerra Civil de Angola, alrededor del año 1980 yo tenía 28 años y ya había pasado a la reserva del ejército, como la mayoría de cubanos que habían pasado el Servicio Militar Obligatorio (SMO), o simplemente habían rebasado la edad de integrarlo. Este último era mi caso. Yo no pasé el SMO porque los maestros como yo estaban exentos. Todos los años me citaban a la oficina correspondiente y allí iba yo y me presentaba ante el comité de reclutamiento con mi carta que me acreditaba como maestro en funciones, y entonces me mandaban a casa. Desde que me gradué en el año 1970 me dediqué a la enseñanza de la Música, especialmente los instrumentos de Percusión.
            Por lo tanto, al llegar a la edad y quedar exento de pasar el SMO fui destinado a una Unidad de Reserva Militar como dije antes. Como músico integré entonces la Banda de las Milicias de Tropas Territoriales, mi Unidad de la Reserva, que en lo fundamental solo actuaba en los desfiles militares en la Plaza de la Revolución, en La Habana, cada dos años, reforzando a la Banda del Estado Mayor del Ejército. O sea, cada vez que había un desfile militar, allí nos juntábamos 500 músicos de La Habana. Recuerdo al ¿Coronel Barbón? dándonos las instrucciones: Bigotes sí, Barbas no, asistencia a todos los ensayos los sábados y por supuesto al desfile principal. Y el coronel gritaba:
            –¡El que no cumpla, lo mando para una Unidad de la Reserva!
            Eso significaba ir movilizado 20 días al año y hacer preparación militar pura y dura en campamentos lejos de casa.
            Al final nunca cumplía su amenaza y se llevaba bastante bien con todos los músicos.
            Así estaban las cosas cuando un día de 1980, me llegó una carta con una citación militar que decía que me debía presentar en el Instituto Técnico Militar (ITM), antiguo Colegio Belén de La Habana, tal día, a tal hora. Desde mi barrio al sitio de citación había que viajar cerca de una hora en guagua. En aquel momento ya yo no era miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
            Muy preocupado y sorprendido así lo hice. Recuerdo que al coger la guagua me encontré con un amigo, colega músico y vecino de barrio, el cual también estaba citado. (no menciono su nombre por respeto). Los dos estábamos muy expectantes. No sabíamos de qué se trataba la citación.
            A la hora de viaje, cuando llegamos al lugar, vimos que fuera del recinto había varios camiones militares estacionados en una calle contigua. «Uff…esto huele mal» pensamos los dos.
            Ya dentro del edificio, nos condujeron a un local grande en donde había más de 200 jóvenes bulliciosos y tan expectantes como nosotros. Se cerraron las puertas.
            –Bien, compañeros -dijo el oficial al frente de la reunión y todos nos callamos-. Esto es una convocatoria especial del Gobierno Revolucionario para cumplir una misión internacionalista en Angola-. Hubo un murmullo entre la masa allí congregada. El oficial, con una libreta y un bolígrafo en sus manos, hizo una pausa y fijó su vista seria en el personal, mirando por encima de sus espejuelos y continuó:
            –Todo aquel que no esté dispuesto a cumplir una misión internacionalista, puede marcharse por aquella puerta y dejar su firma antes de irse.
            Lo de la firma tenía su misterio. No te obligaban a “cumplir misión”, pero si te negabas te ibas marcado quizás para siempre.
            Nos miramos todos y a continuación, poco a poco, se levantaron unos 60 y se fueron.
            Mi amigo y yo nos miramos y alzamos las cejas.
            Yo pensé: «¡Ay mi madre!» Porque, yo no sé lo que pensaba mi amigo del barrio, pero yo estaba segurísimo que yo NO me iba a prestar para cumplir ninguna misión internacionalista en ningún lugar. Pero quería esperar hasta el último instante, a ver cómo me libraba del asunto. Por eso esperé.
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            Ahora quiero hacer un pequeño paréntesis en esta narración.
            A principios de la Guerra Civil de Angola (1975 - 2002) el Gobierno de Cuba, a petición del presidente angoleño Agostinho Neto y líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), decidió acudir en defensa de la soberanía recién adquirida de Angola.
            En aquel momento yo pertenecía la UJC, más por disciplina que por convicción. Yo era un joven revolucionario, o sea, defensor de la llamada Revolución Cubana.  Pero a mi nunca me gustó estar atado a ninguna organización, de ningún tipo. Estaba porque había que estar en el ajo.
            Como en La Habana y otras provincias de Cuba, ya corría la voz de que estaban mandando tropas a Angola, el Partido Comunista de Cuba (PCC) dio la orientación de reunir poco a poco a la militancia del PCC, así como de la UJC para poner a sus militantes al tanto de lo que de verdad estaba ocurriendo y creo yo que como preparación psicológica por lo que nos pudieran pedir. Esas reuniones se hicieron en el teatro “Kal Marx”, el más grande de La Habana, con capacidad para algo más de 5 mil personas.
            Entonces yo como militante de la UJC, asistí a una de esas convocatorias.
            Allí nos pasaron una película-documental, en blanco y negro, creo recordar, de cerca de 1 hora de duración (no tengo un recuerdo exacto), en donde se veía armamento pesado (tanques, cañones, ametralladoras “cuatro bocas”, camiones, lanzacohetes BM21, equipamiento militar) embarcando en barcos mercantes, así como tropas camufladas en las bodegas de los buques. También se explicaba todo el contexto logístico e internacional en que se desarrollaba todo. Yo me quedé frío porque me di cuenta del gran “tamaño de bola” del asunto. El gobierno nos estaba involucrando en una guerra a miles km de distancia, en nombre del Internacionalismo Proletario.
            Al siguiente día, caminando por el barrio de Los Pinos, hablé con mi padre, le conté lo que vi y le dije que yo, de ninguna de las maneras, iba a ir a ninguna guerra si me llamaban. Yo, como cubano, estaba dispuesto a defender a mi tierra, pero no a la tierra de nadie.
            Él, que no pertenecía a ninguna organización, (no porque él no quisiera; eso es otro cuento) me dijo con cara de disgusto, aconsejándome e implorándome:
            –No Marquito, no. Si a ti te llaman tú tienes que ir. Tienes que ir a donde te mande la Revolución. Tú eres militante de la UJC.
            –Lo siento Papi- como yo acostumbraba a llamarle-, conmigo que no cuenten y que después me digan lo que quieran.
            Yo estaba tomando una decisión muy jodida. No te obligaban a ir a Angola, pero si te negabas, quedabas estigmatizado para toda tu vida. Por eso creo que mi padre estaba más preocupado por las consecuencias para mi vida que otras cosas.
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            Sigo donde lo dejé.
            Una vez que se fueron los 60 y pico mencionados –previa firma en la puerta fatídica– se volvieron a cerrar las puertas.
            –Bien compañeros– volvió a decir el oficial. Los que quedan aquí se supone que están dispuestos a cumplir misión. Uds. dado el nivel universitario de la mayoría, van a ser entrenados para Tropas Especiales y de Paracaidismo. Pero -volvió mirar por encima de los espejuelos- los que pesen más de 120 kilos se pueden ir; no cumplen los requisitos para ser paracaidistas. Los que se vayan por esa razón, se van por aquella segunda puerta y firman el documento que les entregará el compañero que está allí.
            En ese momento saltó del fondo del recinto un gordo gordísimo diciendo:
            –Óigame compañero, yo quiero dejar constancia que yo sí quiero ir, así que, si me voy, no me vayan a señalar…
            –Despreocúpese compañero. Evidentemente Ud. no puede integrar esta fuerza paracaidista. Lo siento mucho.
            Y el muchacho se fue cabizbajo.
            Se hizo una pausa y se generó otro murmullo general.
            Yo pensé para mis adentros:
            «Dime tú, yo tirándome de un paracaídas. Yo soy ese al que no se le abre. Pero además yo no sé tirar ni un tiro. Y ¿si me explota una granada en las manos y más nunca puedo tocar? No, conmigo, ni hablar».
 
            En ese momento le dije a mi amigo acompañante que teníamos que ir a hablar con el oficial que estaba al frente y decirle que ya nosotros estábamos asignados en la Banda de las Milicas de Tropas Territoriales. Así lo hicimos y le contamos.

            Entonces el oficial nos miró con cara extrañada y frunciendo las cejas. Mi colega iba con su flauta en su estuche y yo con mis baquetas de percusión sobresaliendo de un porta baquetas.
            –¿Y entonces Uds. qué coño hacen aquí? ¿Uds. están con el coronel Barbón?
            –Sí, claro. Nosotros pertenecemos al Batallón de Ceremonias. Es nuestra Unidad de Reserva. -contesté.
            El oficial nos miró serio, de arriba abajo y nos dijo:
            –Uds. no tienen nada que hacer aquí. Así que…se pueden ir– y miró su libreta.
            –¿Por qué puerta?- pregunté yo.
            –Por la segunda…
            Cuando viró la cabeza, ya mi colega y yo estábamos saliendo por la puerta.
            ¡Nos libramos por los pelos!
 
Septiembre 2026


lunes, 21 de septiembre de 2026

 

Foto. Compay Segundo y yo en la trastienda del mítico bar de Vigo "El Malecón".

¡Óigame compay! ¡Eso está atravesao!
Una anécdota con Compay Segundo.


¡Óigame compay! ¡Eso está atravesao!
Así resonó la voz profunda, grave y convincente de Compay Segundo en el recinto del auditorio Castrelos cuando fuimos a ensayar “Para Vigo me Voy” aquel 23 de Julio del 2000.
Trataré de ser escueto. Pero esto lo van a leer músicos y no músicos. Por eso me extenderé un poquito en explicar cosas que solo los músicos entendemos.
Años antes, cuando se grabó el emblemático CD “A Irmandade das Estrelas” (1996) del gran músico, gaitero gallego Carlos Núñez, este me invitó a Madrid para ponerle algunas percusiones a la pieza “Para Vigo me Voy”. Y allí me fui con mis cachivaches. Llegué a Madrid un domingo por la mañana en tren y acto seguido me dirigí al estudio de grabación. Enseguida pusimos mano a la obra.
Cuando escuché la base musical sobre la que tenía que trabajar, YA HECHA, FIJA, SIN POSIBILIDADES DE CAMBIO, me di cuenta enseguida que en medio de la pieza había que hacer lo que en cubano llamamos “un pase de clave” para poder cuadrar bien el entramado rítmico. Yo tenía que armar un ritmo de Conga con cencerros, tumbadoras, etc. Así se lo comuniqué a Carlos y así lo hice.
Los músicos cubanos, cuando escribimos, tocamos, grabamos, etc., música cubana (y diría yo que también en músicas universales) siempre andamos cuadrando “la Clave”, cuadrando la música. Y en música cubana cuando esto no queda bien se dice que la música está “atravesada”, vaya, ¡que no encaja bien! Y no cuadrar bien la música es casi un sacrilegio musical.
Yo lo explico, lo mejor que puedo, en mi corto ensayo “El Problema de la Claves Rítmicas que rigen en la Música Cubana”: https://percuseando.wordpress.com/2009/07/04/37/
Los músicos que grabaron días antes que yo, nada más y nada menos que La Vieja Trova Santiaguera con Reynaldo Hierrezuelo y demás, ¡casi nada!, habían hecho su VÁLIDA versión de la pieza y yo tenía que adaptarme a lo que había grabado. Entonces yo arreglé el problema con el truco del “pase de clave”. Y así quedó terminada la grabación. NO ERA NADA GRAVE. Pasa en numerosas obras de soneros y cantadores tradicionales cubanos.

Entonces, ahora viene la anécdota.
Aquel día, el 23 de julio del 2000, años después de la grabación, nuevamente Carlos me invitó a participar en su actuación en vivo en el auditorio al aire libre de Castrelos en Vigo, junto a Compay Segundo el cual iba a participar como invitado en el “Para Vigo me Voy”. Para eso, el mismo día de la actuación tuvimos un ensayo previo, de oído, sobre la base de lo que se había grabado años antes.
En cuanto Compay oyó la grabación de referencia, en el mismo instante en que se produce el “pase de clave” se oyó en todo el recinto la voz resonante, grave y convincente de Compay:
¡Óigame Compay! ¡Eso está Atravesao!
Enseguida TODO EL MUNDO MUNDIAL se viró hacía mí y me clavaron los ojos, conocedores de que yo era el que había puesto las percusiones en la grabación y por lo tanto YO ERA EL CULPABLE de semejante sacrilegio musical.
Miren, yo pasé tremenda vergüenza ajena, porque, que, a un músico, además percusionista, lo señalen como “atravesao” era muy fuerte.
Enseguida dije que Compay tenía razón y expliqué lo ocurrido en la grabación. Entonces Compay, resolvió el “pase de clave” de otra forma: quitó un compás en un momento dado de la música y todo “cuadró” sin “pase de clave” hasta el final de la pieza. Y así fuimos a la actuación en vivo.

Hasta aquí la anécdota.

Los invito a oír las dos versiones:
• “Para Vigo Me Voy” en el CD “A Irmandade das Estrellas” (1996) de Carlos Núñez con la Vieja Trova Santiaguera. (Plataformas).

(con “Pase de Clave”)

Vamos a la Conga, ¡Ay, Dios!
Vamos que ya suena, el Bongó
Las maracas suenas ya,
Y ya repica el timbal,
Mi negra vamos detrás
Ay que ya la conga no vuelve más

(Ahora repite con “pase de clave”)

Y sigue con “pase de clave”

(Estribillo)
Para Vigo me voy…etc.
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• “Para Vigo Me Voy” con
Carlos Núñez y Compay Segundo en el Auditorio de Castrelos, Vigo, 23 de julio 2000. (YouTube).

(Compay quitó un compás)

Vamos a la Conga, ¡Ay, Dios!
Vamos que ya suena, el Bongó
(aquí Compay quitó un compás de la grabación original)
Las maracas suenas ya,
Y ya repica el timbal,
Mi negra vamos detrás
Ay que ya la conga no vuelve más.

(repite y sigue ya, sin más)

(Estribillo)
Para Vigo me voy…etc.

En mi opinión, las dos versiones están bien Son cosas de músicos.

FIN.

jueves, 27 de agosto de 2026

Aniversario 50 de la fundación del Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA)

 

Aniversario 50 de la fundación del
Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA)


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Año 2017. Entrada del Instituto Superior de Artes de La Habana (ISA), hoy Universidad de las Artes. De izquierda a derecha: Profesora Damarik Favier, Doctora Mary Rosa Hernández (EPD), Yo, Profesor Alberto Batista Hernández, mi sobrino José Enrique y mi hijo Marcos Luis. Foto cortesía de mi nuera Sylvia Suárez.


        En estos días —julio de 2026— se conmemoran los 50 años de la creación del Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA), actualmente denominado Universidad de las Artes de Cuba. Yo fui uno de los fundadores como estudiante en la Licenciatura en Percusión. Previamente yo había estado, durante 3 años realizando mis estudios de Bachillerato en el Instituto de La Habana en lo que se llamaba Facultad Obrera, nocturna. Ya yo era músico de la Orquesta Sinfónica Nacional y profesor en algún conservatorio de La Habana.
Por aquel entonces – julio de 1976- en Cuba no había ningún profesor de Percusión con título superior para impartir clases adecuadas al nivel. Así que se le encomendó al profesor Domingo Aragú, viejo reconocido músico y pedagogo cubano (no necesitaba título), encargarse del asunto. Para eso, a su vez, él delegó en el ya joven y prestigioso percusionista cubano Luis Barrera Perea. Mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio estaba en esos momentos culminando sus estudios superiores de Percusión en Poznan, Polonia.
        Yo ya era, por aquel año, percusionista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN). Recuerdo que dudé entre presentarme a las pruebas de Dirección Orquestal —opción que me habría gustado mucho— o a las de Percusión. Al comentárselo a mi “mentor”, amigo y colega Luis Aragú, este me dijo:
        –Muchacho, ¡coge el palito, que ese no suena…!
        Y creo que él acertaba al recomendarme la Dirección de Orquesta, pero yo me consideraba demasiado noble de carácter para ponerme al frente de una orquesta de más de 60 músicos, que, jocosamente, también podían verse como 60 HH. de la gran P. con el cuchillo en la boca, dispuestos a joderte a la primera. ¡Ja, ja, ja! Además, en aquellos años, aparte de la OSN de Cuba, había en el país muy pocas orquestas sinfónicas de nivel. Entonces me decidí por lo que ya conocía: la Percusión.
        Así que aprobé satisfactoriamente la prueba de admisión —recuerdo al maestro Gonzalo Romeu como miembro del jurado— e ingresé entre los primeros estudiantes de nivel superior de Percusión en Cuba.
        Hay que decir que, en esos años iniciales, no contábamos con el material técnico ni con el instrumental necesarios. Por ejemplo, durante mi época en Cuba nunca tuve una marimba en mis manos. Además, no existían Internet, los archivos MP3 ni las fotocopiadoras. Así que aquello comenzó a funcionar con los libros disponibles y con lo que nos llegaba del extranjero cuando alguien viajaba. Barrera puso a nuestra disposición —como ya lo hacía cuando éramos colegas en la Orquesta Sinfónica Nacional— todo el material que recibía. En principio, tuvimos tres aulas: las dos últimas del pasillo que daba a la piscina del edificio y otra situada al frente.
        Dos años después de la fundación del ISA, mi hermano Jorge concluyó sus estudios superiores en Polonia y regresó a Cuba. Como primer graduado universitario de Percusión, asumió, junto con Luis Barrera, la dirección del departamento de Percusión del ISA.
        Entonces, aunque todavía era alumno, ellos me encargaron la asignatura de Conjunto de Cámara, que ya tenía acreditada por pertenecer a la Orquesta Sinfónica Nacional. Entre mis primeros alumnos y colegas recuerdo a Emilio Vega, Eugenio Arango (EPD), Juan Cisneros, Lázaro Poey, Miguel A. de Armas, Oscarito Valdés (EPD), Roberto Vizcaíno Sr., entre otros. ¡Qué gente, qué tropa, cuánto talento!
        Casi todos ellos, como la inmensa mayoría de los alumnos de Percusión en Cuba, eran amantes de la música popular cubana, el jazz, el latin jazz, el rock y otros géneros. A mí también me atraían todas esas expresiones musicales. Por eso, ante la falta de literatura musical, lo primero que pensé fue cómo integrar y combinar elementos de la “música clásica o académica” con los de la “música popular”. No recurrí a los compositores conocidos de la época, porque mis inquietudes estaban más relacionadas con los intereses de los alumnos y con los míos propios. Recuerdo que mi hermano Jorge me dijo que el problema de escribir para percusión era que “los percusionistas no sabíamos nada de composición y, viceversa, los compositores no sabían nada de percusión”. ¡Ja, ja, ja! Entonces comencé a escribir música para mi asignatura y a realizar arreglos. Así surgieron mi “Danzón para Dos”, mi sexteto “Afroimagen” y, más tarde, “Invitación”, entre otras obras.
        En esos años también surgió la asignatura de Percusión Cubana en el ISA.
Tal como digo en mi libro “La Percusión Popular de Cuba; sus instrumentos y sus ritmos”:
         “En 1976 nació en Cuba el Instituto Superior de Arte de la Habana. Se puede decir que con su nacimiento surgió por primera vez en Cuba, la enseñanza académica de los instrumentos de la Percusión popular y folclórica.
Por iniciativa del profesor y compositor Carlos Fariñas (que por entonces era Decano de la Facultad de Música), el profesor Justo Pelladito -músico, cantante y bailarín del Conjunto Folclórico Nacional-, comenzó a brindarnos sus conocimientos en la recién estrenada institución. A partir de ese momento y como consecuencia de ello, los programas de estudios de las escuelas elementales y medias de música de todo el país instituyeron la enseñanza de estos instrumentos, los cuales no estaban contemplados en los planes de enseñanza de la música”.
        Fue un verdadero acierto del profesor, compositor y decano de Música Carlos Fariñas. Gracias a él hubo una verdadera explosión a nivel nacional.
        Las asignaturas a estudiar en la época, repartidas en 5 años, eran:
        • Comunismo Científico.
        • Percusión Sinfónica.
        • Conjunto de Cámara.
        • Piano complementario.
        • Historia de la Música.
        • Percusión cubana.
        • Historia de los Instrumentos de Percusión.
        • Metodología de la Enseñanza de la Percusión.
        • Economía Política.
        • Psicopedagogía.
        • Análisis musical.
        • Estética Marxista Leninista.
        • Cultura cubana.
        • Historia del Movimiento Obrero y de la revolución Socialista de Cuba.

        Entre mis profesores conservo un cariño especial por quien fuera mi profesora de piano complementario durante aquellos años, Marta Bonachea. También recuerdo a mis profesores de Historia de la Música: el gran Federico Smith, un profesor bohemio, norteamericano y enciclopedia viviente, y Juozas Antanavičius , eminente profesor lituano llegado a Cuba mediante un convenio con los países socialistas. Este nos hacía 50 preguntas breves y también debíamos identificar fragmentos musicales del repertorio internacional que el tocaba al piano. No recuerdo el nombre del profesor de Comunismo Científico; solo sé que era psiquiatra del Hospital Psiquiátrico Nacional (Mazorra). Recuerdo asimismo a Odilio Urfé, profesor de Historia de la Música cubana. Les guardo especial agradecimiento a mi colega y compañero de orquesta, Luis Barrera, y a mi hermano Jorge.
        Mi recital de graduación el día 15 de junio de 1981:
        • Karolyi, Pál. “Formations” para Vibráfono.
        • Milhaud, Darius. “Concierto para Marimba y Vibráfono”.
        (Lo toqué en una Xilomarimba y me acompañó al piano mi excelentísima y querida colega en la OSN, Pura Oritz. Un lujo).
        • Beck, John. “Sonata para Timpani”.
        • Rudzinsky, Witold. “Variaciones y Fuga para percusión”.
        Mi calificación fue la máxima: 5.
        Después de graduarme, continué desempeñándome como profesor de Percusión y Conjunto de Cámara hasta 1991, año en que la vida me llevó a Vigo, España, donde continúo residiendo hasta hoy.
        En 2017 viajé por última vez a Cuba y fui recibido muy amablemente en el ISA por mi amiga, la entonces decana de Música, Mary Rosa Hernández, profesora Damarik Favier, profesor Alberto Batista y el rector, Alexis Seijo García. Ese día participé en un conversatorio e intercambio con alumnos de Percusión.
        Marcos M. Valcárcel Gregorio, Julio, 2026.


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sábado, 14 de febrero de 2026

 




La playa de Guanabo en La Habana y Mi Arroz con Mariscos.


Desde hace tres días aproximadamente tenía un capricho de “jamaliche cubano”: hacerme un arroz amarillo sencillo, con mariscos. Y hoy llegó el día.
Pero antes déjenme hacerle una pequeña historia. Cuando era niño, hace ya 68 años, a finales de la década del 50 del pasado siglo, recuerdo un día en que mis tíos Mirta y Macho nos llevaron a mi hermano Jorge y a mí a la playa de Guanabo en el este de La Habana. Fuimos a visitar al padrino de mi tío, Manolito, en una casa que tenía alquilada en el famoso balneario habanero. En Vigo pudiéramos compararla con Samil, Playa América o Área Longa.
La playa de Guanabo, acompañada de las brisas y el calorcito del caribe cubano olía a pescados, arroces con mariscos, paellas, rones y cervezas, etc. Y además, paseando por sus calles se oía en todo los momentos el sonido de las Victrolas (gramolas) de los bares de las esquinas que reproducían música de la Orquesta Aragón o de las de la época. Pero de aquellas la Aragón estaba “pegá” por todos lados. Se sentía el bajo, las tumbadoras, las voces características de sus cantantes y sus éxitos del momento como eran: “Caimitillo y Marañón”, “Clavelitos”, “El Bodeguero”, “Sabrosona”, etc. Parecía que la gente caminaba bailando por las aceras.
Y de aquellas, ya existía la venta de comida preparada a domicilio: las famosas cantinas. Y el padrino de mi tío encargo para aquel día varias raciones de arroz con marisco. De ahí mi antojo de hoy.
Entonces, hoy 14 de febrero, aquí en mi piso de Vigo, me puse a preparar “MI arroz con mariscos” tratando de rememorar ese ambiente de aquella época. Puse mi música de “la Aragón”, me serví una cerveza Estrella de Galicia en copa helada y comencé a cocinar. Sofrito con cebolla, ajo y pimiento rojo; pedazos de calamares, colas de gambones gruesos, recortes de pechuga de pollo, algunos chipirones, trocitos de salmón, o sea, lo que tenía a mano. Cocinado todo con cerveza y vino blanco, con un poco de pimentón picante y limón. Al poco rato le eché el arroz valenciano redondo con un poquito de puré de tomate. En media hora estaba comiendo. Les juro que me quedó “PARA LOS DIOSES”.
Y comí recordándome -como siempre me pasa cada día desde hace 35 años- de mis compatriotas en Cuba. Ojalá esta comida fácil aquí la pudiera compartir con muchos de ellos.
Algún día, algún día...








miércoles, 11 de febrero de 2026

 

















A propósito de Bad Bunny en la Superbowl, el Reguetón y demás consideraciones.

Yo soy de Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss, Ravel Debussy, Stravinsky, Shostakovich, Música cubana, Jazz y Latin Jazz, la Rumba, por ahí pá’bajo y pá’rriba…
Hace unas semanas tuvimos un cumpleaños en mi casa y vinieron mis familiares incluida mi nieta de 13 años. Mi hijo se puso a pinchar música variada para bailar y entre distintos géneros puso Reguetón y YO bailé Reguetón y ME DIVERTÍ MUCHÍSIMO bailando con mi nieta. Para bailar no me sirven Bach ni su compañía, por mucho que SIENTA DEVOCIÓN por ellos.
Como músico de formación académica trato de no cerrarme a ninguna música y de vez en cuando oigo lo que aparece nuevo, desde la época de la Timba cubana hasta los recientes Reparteros. Y hay cosas buenas, muy buenas y también malas malísimas, como en todo tipo de músicas incluida la mal llamada “clásica”.
No vi la Superbowl. Pero días antes había escuchado el nuevo álbum de Bad Bunny, ganador de un Grammy 2026 y les confieso que no me disgustó. La factura musical es buena dentro de su contexto. ¿Las letras? No me gustan, pero son el reflejo de la calle, de nuestros barrios latinos.
¿El show de la Superbowl? ME ENCANTÓ y sobre todo cuando salió mi Lady Gaga cantando y bailando en latino.
Que me perdonen todos los puristas y militantes de todos los bandos.
Creo que me están cayendo los años…PERO ME GUSTÓ.


lunes, 15 de diciembre de 2025

 

       Guillermo Barreto. La Habana, 11 de Agosto de 1929 – 14 de Diciembre de 1991.

       Tuve la oportunidad de tocar junto a Guillermo Barreto en numerosas ocasiones, sobre todo en grabaciones casi semanales, durante casi 20 años, para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)

       De él se han escrito muchas cosas. Yo, con estas letras, sólo quiero rendirle mi pequeño homenaje.

       Como baterista creo que es el más legendario de los cubanos de su época y un precursor de los de ahora. Si, porque hasta donde yo sé, Barretico (como le llamaban algunos amigos), era un excelente intérprete de las Pailas cubanas (véase el Grupo “Los Amigos”) y en la Batería tenía el swing de los bateristas norteamericanos. A la hora de tocar era muy exacto y no hacía cosas que molestaran a la música. Comenzó como baterista con la orquesta de Obdulio Morales. Después tocó en la orquesta del cabaret Tropicana y en la Orquesta Cubana de Música Moderna, entre otras.

Video : "Tri Fi Drums" - Guillermo Barreto y Enrique Pla. Orquesta Cubana de Música Moderna.

Se auto-proclamaba “Defensor de la Clave Cubana” y era un celoso perseguidor de todo lo que estaba “atravesao” en música cubana. Quizá no era un buen lector a primera vista, pero no le hacía falta: se apropiaba de la música “al vuelo” y tenía un oído exquisito. Recuerdo en una ocasión estábamos en un ensayo para un concierto de un conocido cantante “soviético”, Muslim Magomaev, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Éste trajo un buen arreglo sinfónico para la pieza “Granada”. Barretico, como algunos solían llamarle, había sido llamado para un solo ensayo por la mañana y el concierto por la noche. A mi me pareció que en el ensayo no hizo casi nada. Lo sentí perdido en el arreglo. Me quedé preocupado por lo que podía ocurrir por la noche. ¿Que ocurrió? Que por la noche tocó el arreglo perfectamente, con tremendo “swing”, como si lo hubiera estado tocando toda la vida!

(Video de Muslim Magomaev con el nombrado arreglo)

Nosotros lo tocamos un poco más rápido que en el video de ejemplo.

Entonces supe quién era Guillermo Barreto. Tenemos que acordarnos que estamos hablando de una época en que no había los medios técnicos de que disponemos hoy los músicos.

       Todos los que lo conocieron saben que era un tipo especial. Le decían “Pata de Loro”por su peculiar forma de caminar, con pasitos cortos. Era conocida su escrupulosidad compulsiva para todo lo de él y lo que le rodeaba. Su coche, un Chevrolet del año 56 o 57 lucía nuevo en el año 1990. Le funcionaba hasta el aire acondicionado. Mantenía las bandas blancas de las ruedas como el primer día. ¿Cómo lograba eso en Cuba? No lo sé, pero es cierto. Siempre tenía las llaves del coche en sus manos para en caso de tener que saludar a alguien, estirar la muñeca y no tener que tocar la mano del otro. También llevaba café a las grabaciones y...llevaba los vasitos de papel hechos para compartir con los compañeros!!! Sus baterías marca WFL o Ludwig brillaban y no había quien le tocara los platillos que parecían espejos. Me contó que las limpiaba y engrasaba cada seis meses. En fin, todos sus instrumentos, ropas, zapatos Florsheim (60 pares de zapatos que limpiaba semanalmente, según me contó), su persona, en fin, brillaba. Usaba perfumes tipo Paco Rabanne (un amigo después me aclaró que usaba “Agua de colonia Imperial de Guerlain” etiqueta azul) y fumaba cigarrillos americanos. Téngase en cuenta que estamos hablando de Cuba desde 1959 hasta su muerte en 1991. Según mi padre, esto lo heredó de su padre que también fue músico. Un día, viajando en un autobús hacia una actuación en Pinar del Rio, se le viró una taza de café en la guayabera blanca impecable que llevaba puesta para la actuación. Todos los que estábamos en él autobús nos empezamos a reir y él nos dijo: “...Tranquilos, tranquilos, ya verán cómo se resuelve esto...” Sacó un pomito de su pequeño equipaje de mano con agua enjabonada y perfumada, se quitó la guayabera, y lavó la parte sucia. Cuando llegamos a nuestro destino nadie podía decir que a esa guayabera le había caído una taza de café!

       Al lado de él “cogí clave”y aprendí los trucos de un Big Band. Yo le hacía siempre muchas preguntas y él muy amable siempre me respondía.

       En una ocasión estábamos en una grabación y yo me encontraba trabado en una parte de la música. Yo era nuevo y no tenía mucha experiencia. Además el director musical era el maestro Manuel Duchesne que siempre estaba muy apurado y no perdonaba los errores. Yo sabía dónde estaba mi problema pero Barreto viendo que yo me encontraba bloqueado y abrumado intentaba ayudarme. Pero lo que hacía era añadirme más presión. Entonces intervino mi maestro Aragú y le dijo:

     -¡Oye Barreto! ¡Deja tranquilo a Marquito, no te metas con Marquito!

      Barreto le tenía un máximo respeto a Domingo Aragú y más nunca, MÁS NUNCA! en los siguientes años me dijo nada en presencia de Aragú. Pero a escondidas de él me lo repetía: “...No te metas con Marquito...” y nos reíamos.

      Vaya este escrito en memoria de un gran músico.

      También puedes ver: Guillermo Barreto Ecured 

Video de Gloria Torres sobre Guillermo Barreto

miércoles, 10 de diciembre de 2025


     


A propósito de los "amigos" en Facebook o Meta.



Facebook, 18 de mayo de 2020.

     Al momento de escribir esto tengo 68 años. He vivido 39 años en Cuba y el resto en España. Lean bien esto: He leído y estudiado todo lo que he podido y mi cabeza me ha permitido, mucho más ahora que estoy jubilado y tengo más tiempo. Muchas personas conocidas y una mayoría desconocidas me han pedido amistad en Facebook y me la siguen pidiendo quizá porque soy músico y profesor. Yo también he pedido amistad a todos los amigos conocidos y a muchos desconocidos, sobre todo artistas.

     Yo tengo mis propias convicciones políticas. En mi biografía digo que soy “musiquista de centro” pero si alguien quiere saber de verdad, le digo que me siento más identificado con el centro izquierda. 

     No recuerdo haber atacado nunca a nadie. Muchas veces comparto cosas que considero importantes y no tengo ningún seguimiento. No pasa nada, seguramente solo son importantes para mí. Otras veces, por el solo hecho de compartir, EN MI MURO, algo que me resulte artísticamente o políticamente interesante, empiezo a recibir ataques de toda la militancia contraria. El problema es que, como dice un amigo, le disparan al mensajero.

     Me parece que a los 68 de vida, después de haber vivido en dos sociedades distintas, después de haber leído tanto y de todo, nadie me tiene que decir cómo tengo que pensar. Quiero gritarlo a los cuatro vientos: ESTOY ORGULLOSO DE CÓMO PIENSO Y DE MIS CONVICCIONES. En España nunca me he sentido manipulado por nadie. La culpa de todo lo bueno y malo que me ha pasado, tanto en Cuba como en España, no ha sido de nadie, ha sido solo mía. 

     Pero parece que hay algunos se sienten con el derecho de “guiarme por el buen camino” y darme lecciones de democracia. Claro, en lo que ellos creen como democracia. E incluso de forma grosera. Se creen en posesión de verdades absolutas. Muchos no han leído un libro en su vida. Otros meten el dedo para congraciarse con sus acólitos o conciudadanos. A estos últimos los entiendo. Pero todos esos ya pueden borrarme de sus amigos si no les gusta lo que publico. Conmigo no se van a perder nada.

     Yo no escribo en el muro de nadie como no sea para apoyar o alabar sinceramente su trabajo u opinión. No me creo en posesión de ninguna verdad absoluta ni con derecho a decirle a nadie lo que tiene que escribir ni compartir. No trato de convencer a nadie porque me parecería una falta a su inteligencia. Ni a mis hijos. Y si entro en el muro de alguien (muy contadas veces) será para decirle prudentemente, decentemente y correctamente mi opinión. Me equivoco como todos. Y todos los días (léase bien, TODOS LOS DÍAS) consulto con mi almohada mis aciertos y errores, no mis convicciones porque estas son ya profundas. Y muchos amigos míos saben que cuando he tenido que pedir perdón no lo he dudado.

     Ya lo digo. El que no le guste lo que comparto o mis opiniones que me borre de sus amigos. No se va a perder nada. No están obligados a estar de acuerdo. Como saben, soy un sencillo músico y profesor con ganas de escribir. Soy extremadamente respetuoso con todos. Discrepar sí, desde el respeto y la decencia aunque sea de broma. Grosería, ninguna. Desde luego, yo también tengo la goma de borrar. Hay demasiados que no son ni mis amigos ni mis conocidos. A otros, a los verdaderos amigos, escritores y artistas, independientemente de sus credos, les tendré siempre mis sinceros respetos.


     Cultivo una rosa blanca/En julio como en enero/Para el amigo sincero que me da su mano franca/ Y para el cruel que me arranca/ El corazón con que vivo/ Cardos ni Ortigas cultivo/ Cultivo una rosa blanca. “José Martí”.


Facebook, 18 de mayo de 2020.


miércoles, 15 de octubre de 2025

Reflexiones de Gimnasio 5

 


Algo de lo cual me siento MUY ORGULLOSO.

Estuve recordando en estos días de aquellos en que me hicieron mi Proceso de Selección para pertenecer al Partido Comunista de Cuba (PCC). Siendo yo miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) llegué a la edad requerida para dar el siguiente paso: El Proceso de Selección al PCC. Ya he dicho en otros escritos que yo era “un joven revolucionario” *, para lo cual había sido debidamente educado y convencido. Pero a mí nunca me gustó (ni me gusta) pertenecer a ninguna organización ni acatar disciplinas partidistas ni grupales de ningún tipo. Pertenecí a la organización de la UJC porque había que “estar en el pastel”, como los demás jóvenes de mi entorno laboral. Eso en aquellos tiempos en Cuba podía abrirte caminos.

Pues bien, previa consulta personal, empezó mi Proceso de Selección para el PCC. Claro que acepté ser procesado, pero sinceramente, en mi fuero interno yo NO quería militar o pertenecer a la organización. La UJC podía ser por un tiempo, pero el PCC eran palabras mayores; acatar esa disciplina podía ser para toda la vida y eso no era para mí. Pero había que ser muy cauto y no mostrar tan evidentemente mi NO deseo. Podían empezar a verme como un desafecto a la "Revolución", lo cual en mi no era cierto. 

Durante el procedimiento empezaban a investigar tu vida por todos lados para comprobar si uno era realmente era un verdadero revolucionario, una persona con conciencia comunista merecedor de pertenecer al PCC. También habrían informes de tu actitud durante los años en el seno de la UJC, en el Comité de Defensa de la Revolución CDR de tu vecindario (especie de comunidad de vecinos), de tu vida y conducta personal, etc., aunque esas cosas no me preocupaban porque yo no tenía nada que esconder.

Entonces, por diversas causas (ninguna grave, como tenía que ser), tuve suerte en mi empeño de NO pertenecer al PCC. Las cosas se dieron de forma natural, sin mi esfuerzo personal. En el informe de mi Comité de Base de la UJC se señaló, entre otras cosas, que yo “no tenía combatividad revolucionaria”. Cierto. Para los efectos eso era más importante que si yo era un buen profesional, un buen músico-trabajador, un buen revolucionario, que sí lo era. Y en el informe del CDR de mi edificio, cuya presidenta era miembro del PCC, se dijo que “…El compañero NO ha participado en ningún acto de repudio en el barrio…”. Cierto también, de lo cual hoy, ME SIENTO MUY ORGULLOSO. Porque aquellos fueron actos de repudio multitudinarios (escraches se dice en España) en el año 1980, que se les hicieron a todos aquellos desafectos políticos con la llamada “Revolución cubana”, que emigraron hacia EE. UU. en yates y lanchas por el pinareño puerto de Mariel (unas 120 mil personas), como consecuencia de los “Crisis de la Embajada del Perú en La Habana”. En muchos de esos actos por los barrios hubo agresiones físicas y tiradera de huevos, piedras, destrucción de inmuebles particulares, muchas veces en contra y a pesar de los familiares que no se marchaban y se quedaban en Cuba. Por eso nunca participé en esos actos, ni siquiera siendo miembro de la UJC. Por lo tanto, por esos informes y por otras consideraciones de las cuales no me acuerdo, ninguna por las cuales me tendría que avergonzar, finalmente NO fui admitido en el PCC. Me alegré mucho porque fui sincero conmigo mismo. Conocí a otros que por conveniencias sí hicieron todo lo posible por militar en el PCC y lo lograron, como también vi a  otros que SÍ fueron miembros por convencimiento propio.

Después de eso estuve trabajando en la Sinfónica Nacional de Cuba y en instituciones educacionales durante muchos años más, sin tener ningún problema. Más tarde, en el año 1991, la vida me puso en España. Durante mi vida en Cuba (y después en España) traté de ser un trabajador ejemplar e intenté dar mi máxima calidad como profesor, músico y solista. En 20 años de trabajo (en Cuba) solo falté al mismo 2 días, por enfermedad. Y después en España. solo cuando no podía levantarme de la cama. DE ESO TAMBIÉN ME SIENTO ORGULLOSO. Y en eso y en otras cosas, a lo largo de mi vida, si de algo sirve a mi relato, SÍ fui un verdadero “revolucionario”.

 

* En Cuba, alguien que era simpatizante de la llamada Revolución cubana y que tenía una actitud favorecedora hacia ella.

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Reflexiones de gimnasio 7

 


            Hace unos días asistí a una misa en una iglesia de la ciudad en donde vivo. Sabía que me iba a encontrar con muchos amigos y compatriotas conocidos. Por eso y por la importancia del ceremonial, me acicalé y me vestí con mis mejores ropas.

            Llegué unos minutos tarde. Así que entré en el templo y me senté en uno de los bancos para ver y oír toda la ceremonia que, además, fue acompañada de actuaciones musicales muy destacadas y emotivas para todos.

             Al finalizar el acto religioso me acerqué a saludar a los amigos conocidos allí presentes, que se encontraban al frente del altar. Entre saludos, risas, besos y abrazos a algunas amigas les llamó la atención, según ellas, mi buen estado de forma y presencia a mi edad. Yo les di las gracias y les comenté que intentaba cuidarme un poco y que además estaba asistiendo a un gimnasio varios días a la semana.

            En eso saltó un viejo conocido, y me dijo delante de todos:

            –Pues eso del gimnasio yo creo que es una pérdida de tiempo y de dinero, es comer mierda. Mira, yo no voy a ningún gimnasio y mira (encogiendo la barriga) cómo estoy, “planchao” y además he bajado de peso y ya casi no tengo diabetes.

            Me lo decía en serio.

            –Concho, mira qué bien. Me alegro mucho por ti–, respondí yo.

            –Y te digo más –siguió él–. El día de tu funeral me voy a acercar a tu féretro y te voy a decir: Acuérdate que te lo advertí…

            Yo me quedé perplejo y solo atiné a decirle:

            –Concho no, a mi no me gustaría ir a tu funeral para decirte lo mismo. ¡Hasta luego!

            Cosas que pasan. Después algunos dicen que soy raro.


 

Marcos M. Valcárcel Gregorio. Octubre 2025


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lunes, 13 de octubre de 2025

Sueño-pesadilla de músico.

 


















Sueño-pesadilla de músico.

            Hoy dormí una hora más que mis ocho habituales, y por eso supongo, tuve este pequeño sueño-pesadilla.

            Resulta que yo iba a participar en un concierto de marimba y piano en calidad de compositor-intérprete-diletante, o sea, yo era las tres cosas al mismo tiempo. A la vez que como compositor daba mis últimos consejos de interpretación al solista (o sea, a mí mismo), el pianista acompañante protestaba por los pequeños cambios de última hora mientras que yo, en mi trialidad o trinidad “sueñística”, ya me disponía a tocar. Pero en el momento de salir al escenario ¡no encontraba las baquetas a usar! Y el público, lleno de estudiantes y profesores, se desesperaba. A pesar de que tras bambalinas había montones de baquetas tiradas por todos lados, ninguna de ellas completaba la pareja necesaria. Yo estaba desesperado pensando que eso no me podía estar sucediendo. Mientras, mi parte diletante me decía: «No importa, con que tengas tres de ellas en las manos, da igual» y mi parte de intérprete contestaba: «¡Que no, que no da igual!» …y el público esperando durante diez minutos largos….

            Así que después de pasar mucho rato, de mucho sufrir, de mucho soñar, al no poder resolver el problema, como todo buen soñante, desperté.

            Vaya pesadilla…

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martes, 7 de octubre de 2025

FAUSTO GARCÍA RIVERA. Profesor de Batería cubano.

 FAUSTO

FAUSTO GARCÍA RIVERA. 
Profesor de Batería cubano.

(22 de febrero de 1929 – 14 de Julio de 1982)

Mi primer profesor de percusión, en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (ENA) fue Fausto García Rivera.

A la edad de 12 años se fue a los EE.UU a estudiar con Henry Adler, famoso profesor norteamericano de batería por cuyas clases pasaron el legendario Buddy Rich y otros famosos.

Después en Cuba alternó su actividad profesional entre la orquesta del Cabaret del Hotel Riviera, el Teatro Musical de la Habana y la enseñanza en diversos conservatorios, todo en la Ciudad de La Habana.

Fausto no era un percusionista completo. Era baterista y no se especializó en otros instrumentos clásicos como la Marimba o los Timbales de orquesta. Nunca lo vi tocar. Yo era un niño y no podía ir a sus actuaciones nocturnas. Los que sí lo vieron, dicen que no era un virtuoso pero conocía muy bien la música americana. Parecía un norteamericano y sentía mucha admiración por el Jazz y otros estilos latinoamericanos. Estaba muy orgulloso de haber estudiado con el mismo profesor de Buddy Rich y de haberlo conocido durante su estancia en Los EE.UU.

En los primeros años de la ENA no habían instrumentos y las clases se de daban en una caja sorda. De vez en vez Fausto llevaba su caja WFL a la clase. Recuerdo que sus manos lucían impecables. Usaba unas baquetas parecidas a las Regal Tip gruesas. Y su libro de cabecera, cómo no! era el Buddy Rich's Modern Interpretation of Snare Drum Rudiments. A continuación le seguía el Standard Snare Drum Method de Benjamin Podemsky. También nos enseñó los 26 rudimentos de la NARD.

Una vez llevó un xilófono propio a la clase y en él comenzó a enseñarnos algunos ejercicios a partir del Mallet Control for the Xylophone de George Lawrence Stone. Solo había una copia de los libros y en cada clase individual los alumnos teníamos que copiar la lección correspondiente en una libreta de pentagramas y los ejercicios en una libreta de escribir común. No existía la fotocopiadora ni otros medios comunes de hoy.

Como le he dicho a todos mis alumnos (mal dicho!) yo no era muy estudioso. Hacía sólo lo necesario para quedar bien y no tenía claro lo que significaba estudiar música. Pensaba que era una cosa natural porque en mi familia, de padre músico, la música era tan normal como comer o respirar pero de practicar, nada!

Cuento esto porque al pobre profesor nunca lo vi enfadado ni malhumorado y siempre estaba de un magnifico humor. Iba siempre de traje o con saco. ¡Si señor! En Cuba había gente que usaba traje! Y sus lecciones eran claras, divertidas, planificadas y muy bien dosificadas, dadas las limitaciones docentes de la época. Era una alegría ir a sus clases.

Tuvo innumerables alumnos a lo largo de toda Cuba pero principalmente de La Habana. Creo que todos los que estudiaron Batería en esa época pasaron por sus manos. Y tuvo mucho éxito enseñando. Fueron sus alumnos los bateristas Enrique Pla, Ignacio Berroa, Horacio “El Negro” Hernández,  Calixto Oviedo, entre otros, así como percusionistas: Luis Barrera Perea y mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio, actualmente titulares en sus respectivas orquestas sinfónicas.

Y probablemente, debido a sus éxitos como profesor, levantó muchas injustas envidias. La antigua lucha, ya al parecer superada, entre lo clásico y lo popular, entre el percusionista clásico y el baterista. Pero yo no recuerdo a Fausto hablando mal de ningún otro profesor de percusión ni menoscabando ningún tipo de música y sí llevándonos en su carro particular a ver algún ensayo de la Sinfónica Nacional de Cuba o alentándonos a escuchar grabaciones de jazz en un entorno docente academicista y muy comprometido con la música clásica.

Quizá, debido a la cruel, inmerecida y temprana enfermedad, no tuvo tiempo de recibir homenajes y su figura ha sido olvidada en los medios oficiales cubanos. Pero en los que fuimos sus alumnos nos quedará el recuerdo del magnífico profesor; entusiasta, simpático y buena gente.

Marcos M. Valcárcel Gregorio. Julio, 2009.

viernes, 26 de septiembre de 2025

El Señor X

 










El Señor X.

A cada rato recuerdo al Sr. X., nuestro vecino del barrio en que vivíamos en La Habana. Este Sr. viudo, estaba tratando de enamorar a mi mamá, que para la fecha ya estaba divorciada. El Sr. X. se aparecía casi todos los días a la tarde en nuestro apartamento. Siempre venía muy arreglado y planchado, como decimos en Cuba, y mi mamá lo recibía y lo atendía más por pena que por interés y no le “daba bola” porque no le gustaba. Pero le hacía pasar al portal del jardín y ahí él se quedaba casi todo el tiempo sentado en un sillón con la esperanza de que mi mamá viniera a conversar y le diera una oportunidad. Pero mi mamá, nada de nada. Solo le brindaba café y le respondía con frases huidizas y cortas y lo dejaba sólo en el portal. Pero el Sr. era muy correcto y buena gente, a mí me daba mucha pena con él y a veces yo me acercaba a conversar un rato porque me parecía un hombre de calle, de mundo del cual podía aprender mucho.

Un día de esos, el Sr. X., que era un hombre mayor, que había conocido la vida capitalista antes de la Revolución del 59, me preguntó sobre qué yo esperaba hacer con mi vida. En aquel entonces yo era un joven con conciencia social forjada en ideales altruistas inculcados por la época que me tocó vivir. O sea, yo era un “revolucionario comunista” a mi manera, sin carnet ni militancia. Por eso yo le contesté que lo que más me interesaba era mi realización personal como persona y artista; que hacer dinero no era mi principal preocupación. El me miró, se puso serio y me dijo:

– ¡Aaaah! No, no…Tú estás jodido; tú estás comiendo mierda. En este mundo tienes que pensar en hacer un poco de fortuna. Con los ideales no vas a llegar a ninguna parte. Ya sé que el dinero no lo es todo, pero es muy necesario. Si no lo tienes, olvídate de los ideales…

Yo, que siempre fui muy respetuoso con los mayores, no le contesté nada. Simplemente, dada mi “conciencia revolucionaria y comunista”, pensé que, con nobleza, espíritu de sacrificio y entrega a mis ideales y a la humanidad, conseguiría todo.

Y sí, a mi edad estoy satisfecho de muchas cosas de mi vida, pero … ¡ME DIERON PALOS POR TODOS LADOS! gracias a mi “conciencia revolucionaria y comunista”; gracias también a mi nobleza y entrega a mi trabajo y a mis ideales! Y heme aquí, hoy, pobre de mi, con 70 y tantos años, con mi nobleza juvenil intacta, feliz, pero sin nada y completamente solo. ¿Será que fui y sigo siendo un comemierda? Quizá, quizá... En todo caso la culpa no es de nadie, es sólo mía.

Hoy, volví a recordar al Sr. X. como en muchas otras ocasiones a lo largo de mi vida. Creo que algo de razón tenía.

 

PD: Por cierto, el Sr. X. nunca consiguió enamorar a mi mamá.


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lunes, 22 de septiembre de 2025

Sobre amigos, ajedrez y Torneos "Capablanca in Memoriam" en La Habana.

 Sobre amigos, ajedrez y Torneos "Capablanca in Memoriam" en La Habana.

          

        Año 1962, Habana, Cuba.

Hacía un año que nuestra familia había regresado de Miami para establecerse definitivamente en La Habana. Mi hermano Jorge tenía 9 años y yo tenía 10. Mientras se conseguía casa en dónde vivir, estuvimos alojados en la casa de mis abuelos maternos en donde vivía también un tío al que le llamábamos “Macho”. A este le gustaba mucho el ajedrez y en sus ratos libres estudiaba el juego en casa y a mi hermano y a mí nos llamó la atención aquel tablero de casillas-escaques y aquellas fichas-figuritas con formas disímiles y que se movían de distintas formas. Nuestro tío, viendo nuestro interés, entonces hábilmente, nos introdujo poco a poco, en los pequeños trucos y secretos del juego. Y pasando los días y las semanas, entramos ya en la fase de aprender pequeños problemas, finales y aperturas ajedrecísticas, así como la historia del juego y de nuestro entrañable, otrora campeón mundial, José Raúl Capablanca. A partir de ahí, mi hermano y yo nos enviciamos, tuvimos la suerte de poder practicar juntos casi diariamente, ya fuera entre nosotros o con nuestro tío, que de aquellas nos daba unas buenas palizas.








Muy cerca del edificio en donde vivíamos, justo al costado del cine Gallizo en la barriada de Los Pinos, vivía un amigo de nuestro tío, el señor Carmelo, el cual jugaba muy bien y tenía una pequeña peña de ajedrez en el amplio salón de su casa, en donde se reunían amigos para jugar, conversar, fumar, beber y pasar el rato. Mi tío le había hablado a su amigo de nuestra afición y este invitó a mi hermano Jorge a jugar. Cual fue nuestra sorpresa cuando Jorge, ese primer día, le empató la partida. Ese fue su debut “semi-profesional”.

1962. Primer torneo Capablanca in Memoriam de La Habana.




En esos días de 1962 comenzó en La Habana el primer torneo Capablanca in Memoriam el cual se desarrolló en varios salones del céntrico hotel Habana Libre (antes Habana Hilton) al cual fueron invitados ajedrecistas muy famosos. Los podíamos ver de cerca, casi tocarlos. Había mucho silencio y respeto para la tranquilidad de los mismos y del desarrollo de las partidas. Próximo a la sala de juegos colocaban grandes pizarras en donde se mostraban el desarrollo de todas las partidas jugada por jugada, con expertos analizando, comentando y especulando sobre las distintas variables de juego, etc. Además, vendían unos pequeños tableros portátiles de cartón, con hendiduras en cada casilla, para insertar las pequeñas piezas de ajedrez de cartón. Al siguiente día de cada ronda se podían comprar unas hojas coleccionables en portafolios, con todas las partidas debidamente impresas y a un precio muy popular. No existían ordenadores, portátiles, ni móviles. Eran tiempos de efervescencias populares, tanto educacionales como culturales. Aquel primer torneo “Capablanca in Memoriam” nos acabó de enganchar al juego.



            Quiero decirles que a esos torneos, sucesivos cada año, asistieron ajedrecistas de la talla de:

Miguel Najdorf - GM – Argentina - excampeón mundial

Lev Polugaevsky – GM – URSS

Mijail Botvinnik – GM – URSS - excampeón mundial

Mijaíl Tal – GM – URSS - El genio de Riga.

Boris Spassky – GM – URSS - excampeón mundial

Víktor Korchnói - GM – URSS – pianista concertista

Tigran Petrosian – GM – URSS - excampeón mundial. Fue a la Olimpíada celebrada en Cuba en el año 1966.

Vasili Smyslov - GM – URSS - excampeón mundial

Bobby Fischer – GM – USA - excampeón mundial – Participó por teletipo debido a las discrepancias políticas entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba.

Milev Zdravko – GM – Bulgaria

Jan Hein Donner – GM – Holanda

Efim Geller – GM – URSS

Ludek Pachman – GM - Checoeslovaquia

Borislav Ivkov – GM – Yugoeslavia

Victor Ciocaltea – GM - Rumanía

Wolfgang Uhlmann - GM – RDA

René Letelier – GM – Chile

Eleazar Jiménez – MI – Cuba

Francisco José Pérez Pérez – MI – Cuba-España

Eldis Cobo – MI - Cuba

Gilberto García – MN - Cuba

 

            …y otros que no quiero olvidar pero que desgraciadamente se han perdido en la memoria de esos torneos. Me gustaría que alguien con acceso a esos materiales, investigara y los colgara en la red. Hay poca información detallada de esos años.

            Para ir terminando, quiero contarles que en ese año 1962, a mi familia le concedieron un apartamento, en principio de alquiler, en el recién construido reparto Camilo Cienfuegos al este de La Habana. Entonces nosotros, sin proponérnoslo, poco a poco hicimos nuestra pequeña peña ajedrecística. Así conocimos a nuestro entrañable amigo Pepe (José Samuel Moya), de nuestra edad, después estudiante de arquitectura, el cual también era (y es) un aficionado y estudioso del juego. Nos dábamos unas buenas tandas en el portal de nuestra casa. Los más fuertes en el juego eran mi hermano Jorge y Pepe. Yo era menos estudioso, pero de vez en cuando también lograba ganarles, más por errores de ellos que por mérito propio. Desde luego, mi tío participaba de esos “matches” los domingos cuando nos hacía la visita.

            Así, finalmente, creo que el ajedrez, al ser un juego basado básicamente en resolver problemas y conflictos, nos aportó un buen desarrollo mental, una herramienta fundamental para la resolución de los avatares cotidianos de la vida. El ajedrez es lucha, disciplina, diversión, meditación, dedicación, resolución, y muchas cosas más. Por eso creo que este juego debiera ser casi obligatorio en cualquier sistema de estudios. Muchos países lo han incorporado como asignatura obligada a sus sistemas de estudios primarios.


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