Sobre amigos, ajedrez y Torneos "Capablanca in Memoriam" en La Habana.

Hacía un año que
nuestra familia había regresado de Miami para establecerse definitivamente en
La Habana. Mi hermano Jorge tenía 9 años y yo tenía 10. Mientras se conseguía
casa en dónde vivir, estuvimos alojados en la casa de mis abuelos maternos en
donde vivía también un tío al que le llamábamos “Macho”. A este le gustaba
mucho el ajedrez y en sus ratos libres estudiaba el juego en casa y a mi
hermano y a mí nos llamó la atención aquel tablero de casillas-escaques y
aquellas fichas-figuritas con formas disímiles y que se movían de distintas
formas. Nuestro tío, viendo nuestro interés, entonces hábilmente, nos introdujo
poco a poco, en los pequeños trucos y secretos del juego. Y pasando los días y
las semanas, entramos ya en la fase de aprender pequeños problemas, finales y
aperturas ajedrecísticas, así como la historia del juego y de nuestro entrañable,
otrora campeón mundial, José Raúl Capablanca. A partir de ahí, mi hermano y yo nos
enviciamos, tuvimos la suerte de poder practicar juntos casi diariamente, ya fuera
entre nosotros o con nuestro tío, que de aquellas nos daba unas buenas palizas.

Muy cerca del
edificio en donde vivíamos, justo al costado del cine Gallizo en la barriada de
Los Pinos, vivía un amigo de nuestro tío, el señor Carmelo, el cual jugaba muy
bien y tenía una pequeña peña de ajedrez en el amplio salón de su casa, en
donde se reunían amigos para jugar, conversar, fumar, beber y pasar el rato. Mi
tío le había hablado a su amigo de nuestra afición y este invitó a mi hermano
Jorge a jugar. Cual fue nuestra sorpresa cuando Jorge, ese primer día, le empató
la partida. Ese fue su debut “semi-profesional”.
1962. Primer torneo Capablanca in Memoriam de La Habana.

En esos días de
1962 comenzó en La Habana el primer torneo Capablanca in Memoriam el cual se
desarrolló en varios salones del céntrico hotel Habana Libre (antes Habana Hilton)
al cual fueron invitados ajedrecistas muy famosos. Los podíamos ver de cerca,
casi tocarlos. Había mucho silencio y respeto para la tranquilidad de los
mismos y del desarrollo de las partidas. Próximo a la sala de juegos colocaban
grandes pizarras en donde se mostraban el desarrollo de todas las partidas
jugada por jugada, con expertos analizando, comentando y especulando sobre las
distintas variables de juego, etc. Además, vendían unos pequeños tableros portátiles
de cartón, con hendiduras en cada casilla, para insertar las pequeñas piezas de
ajedrez de cartón. Al siguiente día de cada ronda se podían comprar unas hojas coleccionables
en portafolios, con todas las partidas debidamente impresas y a un precio muy
popular. No existían ordenadores, portátiles, ni móviles. Eran tiempos de
efervescencias populares, tanto educacionales como culturales. Aquel primer torneo
“Capablanca in Memoriam” nos acabó de enganchar al juego.

Quiero
decirles que a esos torneos, sucesivos cada año, asistieron ajedrecistas de la
talla de:
Miguel Najdorf
- GM – Argentina - excampeón mundial
Lev Polugaevsky
– GM – URSS
Mijail
Botvinnik – GM – URSS - excampeón mundial
Mijaíl Tal – GM
– URSS - El genio de Riga.
Boris Spassky –
GM – URSS - excampeón mundial
Víktor Korchnói
- GM – URSS – pianista concertista
Tigran
Petrosian – GM – URSS - excampeón mundial. Fue a la Olimpíada celebrada en Cuba
en el año 1966.
Vasili Smyslov
- GM – URSS - excampeón mundial
Bobby Fischer –
GM – USA - excampeón mundial – Participó por teletipo debido a las
discrepancias políticas entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba.
Milev Zdravko –
GM – Bulgaria
Jan Hein Donner
– GM – Holanda
Efim Geller –
GM – URSS
Ludek Pachman –
GM - Checoeslovaquia
Borislav Ivkov
– GM – Yugoeslavia
Victor
Ciocaltea – GM - Rumanía
Wolfgang
Uhlmann - GM – RDA
René Letelier –
GM – Chile
Eleazar Jiménez
– MI – Cuba
Francisco José
Pérez Pérez – MI – Cuba-España
Eldis Cobo – MI
- Cuba
Gilberto García
– MN - Cuba
…y otros que no quiero olvidar pero que
desgraciadamente se han perdido en la memoria de esos torneos. Me gustaría que
alguien con acceso a esos materiales, investigara y los colgara en la red. Hay
poca información detallada de esos años.
Para
ir terminando, quiero contarles que en ese año 1962, a mi familia le
concedieron un apartamento, en principio de alquiler, en el recién construido
reparto Camilo Cienfuegos al este de La Habana. Entonces nosotros, sin
proponérnoslo, poco a poco hicimos nuestra pequeña peña ajedrecística. Así
conocimos a nuestro entrañable amigo Pepe (José
Samuel Moya), de nuestra edad, después estudiante de arquitectura, el cual también
era (y es) un aficionado y estudioso del juego. Nos dábamos unas buenas tandas
en el portal de nuestra casa. Los más fuertes en el juego eran mi hermano Jorge
y Pepe. Yo era menos estudioso, pero de vez en cuando también lograba ganarles,
más por errores de ellos que por mérito propio. Desde luego, mi tío participaba
de esos “matches” los domingos cuando nos hacía la visita.
Así,
finalmente, creo que el ajedrez, al ser un juego basado básicamente en resolver
problemas y conflictos, nos aportó un buen desarrollo mental, una herramienta
fundamental para la resolución de los avatares cotidianos de la vida. El
ajedrez es lucha, disciplina, diversión, meditación, dedicación, resolución, y
muchas cosas más. Por eso creo que este juego debiera ser casi obligatorio en
cualquier sistema de estudios. Muchos países lo han incorporado como asignatura
obligada a sus sistemas de estudios primarios.
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