Marcos M. Valcárcel Gregorio. Mis recuerdos y otras cosas
Blog dedicado a mi afición literaria y mis ganas de escribir.
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miércoles, 11 de febrero de 2026
lunes, 15 de diciembre de 2025
Guillermo Barreto. La Habana, 11 de Agosto de 1929 – 14 de Diciembre de 1991.
Tuve la oportunidad de tocar junto a Guillermo Barreto en numerosas ocasiones, sobre todo en grabaciones casi semanales, durante casi 20 años, para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)
De él se han escrito muchas cosas. Yo, con estas letras, sólo quiero rendirle mi pequeño homenaje.
Como baterista creo que es el más legendario de los cubanos de su época y un precursor de los de ahora. Si, porque hasta donde yo sé, Barretico (como le llamaban algunos amigos), era un excelente intérprete de las Pailas cubanas (véase el Grupo “Los Amigos”) y en la Batería tenía el swing de los bateristas norteamericanos. A la hora de tocar era muy exacto y no hacía cosas que molestaran a la música. Comenzó como baterista con la orquesta de Obdulio Morales. Después tocó en la orquesta del cabaret Tropicana y en la Orquesta Cubana de Música Moderna, entre otras.
Video : "Tri Fi Drums" - Guillermo Barreto y Enrique Pla. Orquesta Cubana de Música Moderna.
Se auto-proclamaba “Defensor de la Clave Cubana” y era un celoso perseguidor de todo lo que estaba “atravesao” en música cubana. Quizá no era un buen lector a primera vista, pero no le hacía falta: se apropiaba de la música “al vuelo” y tenía un oído exquisito. Recuerdo en una ocasión estábamos en un ensayo para un concierto de un conocido cantante “soviético”, Muslim Magomaev, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Éste trajo un buen arreglo sinfónico para la pieza “Granada”. Barretico, como algunos solían llamarle, había sido llamado para un solo ensayo por la mañana y el concierto por la noche. A mi me pareció que en el ensayo no hizo casi nada. Lo sentí perdido en el arreglo. Me quedé preocupado por lo que podía ocurrir por la noche. ¿Que ocurrió? Que por la noche tocó el arreglo perfectamente, con tremendo “swing”, como si lo hubiera estado tocando toda la vida!
(Video de Muslim Magomaev con el nombrado arreglo)
Nosotros lo tocamos un poco más rápido que en el video de ejemplo.
Entonces supe quién era Guillermo Barreto. Tenemos que acordarnos que estamos hablando de una época en que no había los medios técnicos de que disponemos hoy los músicos.
Todos los que lo conocieron saben que era un tipo especial. Le decían “Pata de Loro”por su peculiar forma de caminar, con pasitos cortos. Era conocida su escrupulosidad compulsiva para todo lo de él y lo que le rodeaba. Su coche, un Chevrolet del año 56 o 57 lucía nuevo en el año 1990. Le funcionaba hasta el aire acondicionado. Mantenía las bandas blancas de las ruedas como el primer día. ¿Cómo lograba eso en Cuba? No lo sé, pero es cierto. Siempre tenía las llaves del coche en sus manos para en caso de tener que saludar a alguien, estirar la muñeca y no tener que tocar la mano del otro. También llevaba café a las grabaciones y...llevaba los vasitos de papel hechos para compartir con los compañeros!!! Sus baterías marca WFL o Ludwig brillaban y no había quien le tocara los platillos que parecían espejos. Me contó que las limpiaba y engrasaba cada seis meses. En fin, todos sus instrumentos, ropas, zapatos Florsheim (60 pares de zapatos que limpiaba semanalmente, según me contó), su persona, en fin, brillaba. Usaba perfumes tipo Paco Rabanne (un amigo después me aclaró que usaba “Agua de colonia Imperial de Guerlain” etiqueta azul) y fumaba cigarrillos americanos. Téngase en cuenta que estamos hablando de Cuba desde 1959 hasta su muerte en 1991. Según mi padre, esto lo heredó de su padre que también fue músico. Un día, viajando en un autobús hacia una actuación en Pinar del Rio, se le viró una taza de café en la guayabera blanca impecable que llevaba puesta para la actuación. Todos los que estábamos en él autobús nos empezamos a reir y él nos dijo: “...Tranquilos, tranquilos, ya verán cómo se resuelve esto...” Sacó un pomito de su pequeño equipaje de mano con agua enjabonada y perfumada, se quitó la guayabera, y lavó la parte sucia. Cuando llegamos a nuestro destino nadie podía decir que a esa guayabera le había caído una taza de café!
Al lado de él “cogí clave”y aprendí los trucos de un Big Band. Yo le hacía siempre muchas preguntas y él muy amable siempre me respondía.
En una ocasión estábamos en una grabación y yo me encontraba trabado en una parte de la música. Yo era nuevo y no tenía mucha experiencia. Además el director musical era el maestro Manuel Duchesne que siempre estaba muy apurado y no perdonaba los errores. Yo sabía dónde estaba mi problema pero Barreto viendo que yo me encontraba bloqueado y abrumado intentaba ayudarme. Pero lo que hacía era añadirme más presión. Entonces intervino mi maestro Aragú y le dijo:
-¡Oye Barreto! ¡Deja tranquilo a Marquito, no te metas con Marquito!
Barreto le tenía un máximo respeto a Domingo Aragú y más nunca, MÁS NUNCA! en los siguientes años me dijo nada en presencia de Aragú. Pero a escondidas de él me lo repetía: “...No te metas con Marquito...” y nos reíamos.
Vaya este escrito en memoria de un gran músico.
También puedes ver: Guillermo Barreto Ecured
Video de Gloria Torres sobre Guillermo Barreto
miércoles, 10 de diciembre de 2025
A propósito de los "amigos" en Facebook o Meta.
Facebook, 18 de mayo de 2020.
Al momento de escribir esto tengo 68 años. He vivido 39 años en Cuba y el resto en España. Lean bien esto: He leído y estudiado todo lo que he podido y mi cabeza me ha permitido, mucho más ahora que estoy jubilado y tengo más tiempo. Muchas personas conocidas y una mayoría desconocidas me han pedido amistad en Facebook y me la siguen pidiendo quizá porque soy músico y profesor. Yo también he pedido amistad a todos los amigos conocidos y a muchos desconocidos, sobre todo artistas.
Yo tengo mis propias convicciones políticas. En mi biografía digo que soy “musiquista de centro” pero si alguien quiere saber de verdad, le digo que me siento más identificado con el centro izquierda.
No recuerdo haber atacado nunca a nadie. Muchas veces comparto cosas que considero importantes y no tengo ningún seguimiento. No pasa nada, seguramente solo son importantes para mí. Otras veces, por el solo hecho de compartir, EN MI MURO, algo que me resulte artísticamente o políticamente interesante, empiezo a recibir ataques de toda la militancia contraria. El problema es que, como dice un amigo, le disparan al mensajero.
Me parece que a los 68 de vida, después de haber vivido en dos sociedades distintas, después de haber leído tanto y de todo, nadie me tiene que decir cómo tengo que pensar. Quiero gritarlo a los cuatro vientos: ESTOY ORGULLOSO DE CÓMO PIENSO Y DE MIS CONVICCIONES. En España nunca me he sentido manipulado por nadie. La culpa de todo lo bueno y malo que me ha pasado, tanto en Cuba como en España, no ha sido de nadie, ha sido solo mía.
Pero parece que hay algunos se sienten con el derecho de “guiarme por el buen camino” y darme lecciones de democracia. Claro, en lo que ellos creen como democracia. E incluso de forma grosera. Se creen en posesión de verdades absolutas. Muchos no han leído un libro en su vida. Otros meten el dedo para congraciarse con sus acólitos o conciudadanos. A estos últimos los entiendo. Pero todos esos ya pueden borrarme de sus amigos si no les gusta lo que publico. Conmigo no se van a perder nada.
Yo no escribo en el muro de nadie como no sea para apoyar o alabar sinceramente su trabajo u opinión. No me creo en posesión de ninguna verdad absoluta ni con derecho a decirle a nadie lo que tiene que escribir ni compartir. No trato de convencer a nadie porque me parecería una falta a su inteligencia. Ni a mis hijos. Y si entro en el muro de alguien (muy contadas veces) será para decirle prudentemente, decentemente y correctamente mi opinión. Me equivoco como todos. Y todos los días (léase bien, TODOS LOS DÍAS) consulto con mi almohada mis aciertos y errores, no mis convicciones porque estas son ya profundas. Y muchos amigos míos saben que cuando he tenido que pedir perdón no lo he dudado.
Ya lo digo. El que no le guste lo que comparto o mis opiniones que me borre de sus amigos. No se va a perder nada. No están obligados a estar de acuerdo. Como saben, soy un sencillo músico y profesor con ganas de escribir. Soy extremadamente respetuoso con todos. Discrepar sí, desde el respeto y la decencia aunque sea de broma. Grosería, ninguna. Desde luego, yo también tengo la goma de borrar. Hay demasiados que no son ni mis amigos ni mis conocidos. A otros, a los verdaderos amigos, escritores y artistas, independientemente de sus credos, les tendré siempre mis sinceros respetos.
Cultivo una rosa blanca/En julio como en enero/Para el amigo sincero que me da su mano franca/ Y para el cruel que me arranca/ El corazón con que vivo/ Cardos ni Ortigas cultivo/ Cultivo una rosa blanca. “José Martí”.
Facebook, 18 de mayo de 2020.
miércoles, 15 de octubre de 2025
Reflexiones de Gimnasio 5
Algo de lo cual me siento MUY ORGULLOSO.
Estuve recordando en estos días
de aquellos en que me hicieron mi Proceso de Selección para pertenecer al
Partido Comunista de Cuba (PCC). Siendo yo miembro de la Unión de
Jóvenes Comunistas (UJC) llegué a la edad requerida para dar el siguiente
paso: El Proceso de Selección al PCC. Ya he dicho en otros escritos que yo era “un
joven revolucionario” *, para lo cual había sido debidamente educado y
convencido. Pero a mí nunca me gustó (ni me gusta) pertenecer a ninguna
organización ni acatar disciplinas partidistas ni grupales de ningún tipo. Pertenecí a la organización
de la UJC porque había que “estar en el pastel”, como los demás jóvenes de mi entorno laboral. Eso en aquellos tiempos en Cuba podía abrirte caminos.
Pues bien, previa consulta personal, empezó mi Proceso de Selección para el PCC. Claro que acepté ser procesado, pero sinceramente, en mi fuero interno yo NO quería militar o pertenecer a la organización. La UJC podía ser por un tiempo, pero el PCC eran palabras mayores; acatar esa disciplina podía ser para toda la vida y eso no era para mí. Pero había que ser muy cauto y no mostrar tan evidentemente mi NO deseo. Podían empezar a verme como un desafecto a la "Revolución", lo cual en mi no era cierto.
Durante el procedimiento empezaban a
investigar tu vida por todos lados para comprobar si uno era realmente era un
verdadero revolucionario, una persona con conciencia comunista merecedor de pertenecer al PCC. También habrían informes de tu
actitud durante los años en el seno de la UJC, en el Comité de Defensa
de la Revolución CDR de tu vecindario (especie de comunidad de vecinos), de tu vida y conducta personal, etc., aunque esas cosas no me preocupaban porque yo no tenía nada que esconder.
Entonces, por diversas causas
(ninguna grave, como tenía que ser), tuve suerte en mi empeño de NO
pertenecer al PCC. Las cosas se dieron de forma natural, sin mi esfuerzo
personal. En el informe de mi Comité de Base de la UJC se señaló,
entre otras cosas, que yo “no tenía combatividad revolucionaria”. Cierto. Para los
efectos eso era más importante que si yo era un buen profesional, un buen músico-trabajador,
un buen revolucionario, que sí lo era. Y en el informe del CDR de mi
edificio, cuya presidenta era miembro del PCC, se dijo que “…El
compañero NO ha participado en ningún acto de repudio en el barrio…”. Cierto
también, de lo cual hoy, ME SIENTO MUY ORGULLOSO. Porque aquellos fueron
actos de repudio multitudinarios (escraches se dice en España) en el año 1980,
que se les hicieron a todos aquellos desafectos políticos con la llamada “Revolución
cubana”, que emigraron hacia EE. UU. en yates y lanchas por el pinareño puerto
de Mariel (unas 120 mil personas), como consecuencia de los “Crisis de la Embajada del Perú en La Habana”. En muchos de esos actos por los barrios hubo agresiones físicas y
tiradera de huevos, piedras, destrucción de inmuebles particulares, muchas
veces en contra y a pesar de los familiares que no se marchaban y se quedaban en Cuba.
Por eso nunca participé en esos actos, ni siquiera siendo miembro de la UJC.
Por lo tanto, por esos informes y por otras consideraciones de las cuales no me
acuerdo, ninguna por las cuales me tendría que avergonzar, finalmente NO fui
admitido en el PCC. Me alegré mucho porque fui sincero conmigo mismo.
Conocí a otros que por conveniencias sí hicieron todo lo posible por militar
en el PCC y lo lograron, como también vi a otros que SÍ fueron miembros por convencimiento propio.
Después de eso estuve trabajando en la Sinfónica Nacional de Cuba y en instituciones educacionales durante muchos años más, sin tener ningún problema. Más tarde, en el año 1991, la vida me puso en España. Durante mi vida en Cuba (y después en España) traté de ser un trabajador ejemplar e intenté dar mi máxima calidad como profesor, músico y solista. En 20 años de trabajo (en Cuba) solo falté al mismo 2 días, por enfermedad. Y después en España. solo cuando no podía levantarme de la cama. DE ESO TAMBIÉN ME SIENTO ORGULLOSO. Y en eso y en otras cosas, a lo largo de mi vida, si de algo sirve a mi relato, SÍ fui un verdadero “revolucionario”.
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Reflexiones de gimnasio 7
Hace unos
días asistí a una misa en una iglesia de la ciudad en donde vivo. Sabía que me
iba a encontrar con muchos amigos y compatriotas conocidos. Por eso y por la
importancia del ceremonial, me acicalé y me vestí con mis mejores ropas.
Llegué unos
minutos tarde. Así que entré en el templo y me senté en uno de los bancos para
ver y oír toda la ceremonia que, además, fue acompañada de actuaciones
musicales muy destacadas y emotivas para todos.
Al finalizar el acto religioso me acerqué a
saludar a los amigos conocidos allí presentes, que se encontraban al frente del
altar. Entre saludos, risas, besos y abrazos a algunas amigas les llamó la
atención, según ellas, mi buen estado de forma y presencia a mi edad. Yo les di
las gracias y les comenté que intentaba cuidarme un poco y que además estaba
asistiendo a un gimnasio varios días a la semana.
En eso
saltó un viejo conocido, y me dijo delante de todos:
–Pues eso
del gimnasio yo creo que es una pérdida de tiempo y de dinero, es comer mierda.
Mira, yo no voy a ningún gimnasio y mira (encogiendo la barriga) cómo estoy,
“planchao” y además he bajado de peso y ya casi no tengo diabetes.
Me lo decía
en serio.
–Concho,
mira qué bien. Me alegro mucho por ti–, respondí yo.
–Y te digo
más –siguió él–. El día de tu funeral me voy a acercar a tu féretro y te voy a
decir: Acuérdate que te lo advertí…
Yo me quedé
perplejo y solo atiné a decirle:
–Concho no,
a mi no me gustaría ir a tu funeral para decirte lo mismo. ¡Hasta luego!
Cosas que
pasan. Después algunos dicen que soy raro.
Marcos M. Valcárcel
Gregorio. Octubre 2025
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lunes, 13 de octubre de 2025
Sueño-pesadilla de músico.
Sueño-pesadilla de músico.
Hoy dormí
una hora más que mis ocho habituales, y por eso supongo, tuve este pequeño
sueño-pesadilla.
Resulta que
yo iba a participar en un concierto de marimba y piano en calidad de compositor-intérprete-diletante,
o sea, yo era las tres cosas al mismo tiempo. A la vez que como compositor daba
mis últimos consejos de interpretación al solista (o sea, a mí mismo), el pianista
acompañante protestaba por los pequeños cambios de última hora mientras que yo,
en mi trialidad o trinidad “sueñística”, ya me disponía a tocar. Pero en el
momento de salir al escenario ¡no
encontraba las baquetas a usar! Y el público, lleno de estudiantes y profesores,
se desesperaba. A pesar de que tras bambalinas había montones de baquetas tiradas
por todos lados, ninguna de ellas completaba la pareja necesaria. Yo estaba desesperado
pensando que eso no me podía estar sucediendo. Mientras, mi parte diletante me
decía: «No importa,
con que tengas tres de ellas en las manos, da igual» y mi parte de intérprete contestaba: «¡Que no, que no
da igual!» …y el público esperando durante diez minutos largos….
Así que después de pasar mucho rato,
de mucho sufrir, de mucho soñar, al no poder resolver el problema, como todo
buen soñante, desperté.
Vaya pesadilla…
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martes, 7 de octubre de 2025
FAUSTO GARCÍA RIVERA. Profesor de Batería cubano.
FAUSTO GARCÍA RIVERA.
Profesor de Batería cubano.
(22 de febrero de 1929 – 14 de Julio de 1982)
Mi primer profesor de percusión, en la Escuela Nacional de Arte de La Habana (ENA) fue Fausto García Rivera.
A la edad de 12 años se fue a los EE.UU a estudiar con Henry Adler, famoso profesor norteamericano de batería por cuyas clases pasaron el legendario Buddy Rich y otros famosos.
Después en Cuba alternó su actividad profesional entre la orquesta del Cabaret del Hotel Riviera, el Teatro Musical de la Habana y la enseñanza en diversos conservatorios, todo en la Ciudad de La Habana.
Fausto no era un percusionista completo. Era baterista y no se especializó en otros instrumentos clásicos como la Marimba o los Timbales de orquesta. Nunca lo vi tocar. Yo era un niño y no podía ir a sus actuaciones nocturnas. Los que sí lo vieron, dicen que no era un virtuoso pero conocía muy bien la música americana. Parecía un norteamericano y sentía mucha admiración por el Jazz y otros estilos latinoamericanos. Estaba muy orgulloso de haber estudiado con el mismo profesor de Buddy Rich y de haberlo conocido durante su estancia en Los EE.UU.
En los primeros años de la ENA no habían instrumentos y las clases se de daban en una caja sorda. De vez en vez Fausto llevaba su caja WFL a la clase. Recuerdo que sus manos lucían impecables. Usaba unas baquetas parecidas a las Regal Tip gruesas. Y su libro de cabecera, cómo no! era el Buddy Rich's Modern Interpretation of Snare Drum Rudiments. A continuación le seguía el Standard Snare Drum Method de Benjamin Podemsky. También nos enseñó los 26 rudimentos de la NARD.
Una vez llevó un xilófono propio a la clase y en él comenzó a enseñarnos algunos ejercicios a partir del Mallet Control for the Xylophone de George Lawrence Stone. Solo había una copia de los libros y en cada clase individual los alumnos teníamos que copiar la lección correspondiente en una libreta de pentagramas y los ejercicios en una libreta de escribir común. No existía la fotocopiadora ni otros medios comunes de hoy.
Como le he dicho a todos mis alumnos (mal dicho!) yo no era muy estudioso. Hacía sólo lo necesario para quedar bien y no tenía claro lo que significaba estudiar música. Pensaba que era una cosa natural porque en mi familia, de padre músico, la música era tan normal como comer o respirar pero de practicar, nada!
Cuento esto porque al pobre profesor nunca lo vi enfadado ni malhumorado y siempre estaba de un magnifico humor. Iba siempre de traje o con saco. ¡Si señor! En Cuba había gente que usaba traje! Y sus lecciones eran claras, divertidas, planificadas y muy bien dosificadas, dadas las limitaciones docentes de la época. Era una alegría ir a sus clases.
Tuvo innumerables alumnos a lo largo de toda Cuba pero principalmente de La Habana. Creo que todos los que estudiaron Batería en esa época pasaron por sus manos. Y tuvo mucho éxito enseñando. Fueron sus alumnos los bateristas Enrique Pla, Ignacio Berroa, Horacio “El Negro” Hernández, Calixto Oviedo, entre otros, así como percusionistas: Luis Barrera Perea y mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio, actualmente titulares en sus respectivas orquestas sinfónicas.
Y probablemente, debido a sus éxitos como profesor, levantó muchas injustas envidias. La antigua lucha, ya al parecer superada, entre lo clásico y lo popular, entre el percusionista clásico y el baterista. Pero yo no recuerdo a Fausto hablando mal de ningún otro profesor de percusión ni menoscabando ningún tipo de música y sí llevándonos en su carro particular a ver algún ensayo de la Sinfónica Nacional de Cuba o alentándonos a escuchar grabaciones de jazz en un entorno docente academicista y muy comprometido con la música clásica.
Quizá, debido a la cruel, inmerecida y temprana enfermedad, no tuvo tiempo de recibir homenajes y su figura ha sido olvidada en los medios oficiales cubanos. Pero en los que fuimos sus alumnos nos quedará el recuerdo del magnífico profesor; entusiasta, simpático y buena gente.
Marcos M. Valcárcel Gregorio. Julio, 2009.
viernes, 26 de septiembre de 2025
El Señor X
El Señor X.
A cada rato recuerdo al Sr.
X., nuestro vecino del barrio en que vivíamos en La Habana. Este Sr. viudo,
estaba tratando de enamorar a mi mamá, que para la fecha ya estaba divorciada. El
Sr. X. se aparecía casi todos los días a la tarde en nuestro apartamento.
Siempre venía muy arreglado y planchado, como decimos en Cuba, y mi mamá lo
recibía y lo atendía más por pena que por interés y no le “daba bola” porque no
le gustaba. Pero le hacía pasar al portal del jardín y ahí él se quedaba casi
todo el tiempo sentado en un sillón con la esperanza de que mi mamá viniera a
conversar y le diera una oportunidad. Pero mi mamá, nada de nada. Solo le
brindaba café y le respondía con frases huidizas y cortas y lo dejaba sólo en
el portal. Pero el Sr. era muy correcto y buena gente, a mí me daba mucha pena con él y a
veces yo me acercaba a conversar un rato porque me parecía un hombre de calle, de mundo del cual podía aprender mucho.
Un día de esos, el Sr. X., que
era un hombre mayor, que había conocido la vida capitalista antes de la Revolución del 59, me
preguntó sobre qué yo esperaba hacer con mi vida. En aquel entonces yo era un
joven con conciencia social forjada en ideales altruistas inculcados por la
época que me tocó vivir. O sea, yo era un “revolucionario comunista” a mi manera,
sin carnet ni militancia. Por eso yo le contesté que lo que más me interesaba
era mi realización personal como persona y artista; que hacer dinero no era mi
principal preocupación. El me miró, se puso serio y me dijo:
– ¡Aaaah! No, no…Tú estás jodido; tú
estás comiendo mierda. En este mundo tienes que pensar en hacer un poco de fortuna.
Con los ideales no vas a llegar a ninguna parte. Ya sé que el dinero no lo es
todo, pero es muy necesario. Si no lo tienes, olvídate de los ideales…
Yo, que siempre fui muy
respetuoso con los mayores, no le contesté nada. Simplemente, dada mi “conciencia
revolucionaria y comunista”, pensé que, con nobleza, espíritu de sacrificio y
entrega a mis ideales y a la humanidad, conseguiría todo.
Y sí, a mi edad estoy
satisfecho de muchas cosas de mi vida, pero … ¡ME DIERON PALOS POR TODOS LADOS! gracias a mi “conciencia revolucionaria y comunista”; gracias también a mi
nobleza y entrega a mi trabajo y a mis ideales! Y heme aquí, hoy, pobre de mi, con
70 y tantos años, con mi nobleza juvenil intacta, feliz, pero sin nada y completamente
solo. ¿Será que fui y sigo siendo un comemierda? Quizá, quizá... En todo caso la
culpa no es de nadie, es sólo mía.
Hoy, volví a recordar al Sr. X. como en muchas otras ocasiones a lo largo de mi vida. Creo que algo de
razón tenía.
PD: Por cierto, el Sr. X.
nunca consiguió enamorar a mi mamá.
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lunes, 22 de septiembre de 2025
Sobre amigos, ajedrez y Torneos "Capablanca in Memoriam" en La Habana.
Sobre amigos, ajedrez y Torneos "Capablanca in Memoriam" en La Habana.
Año 1962, Habana, Cuba.
Muy cerca del edificio en donde vivíamos, justo al costado del cine Gallizo en la barriada de Los Pinos, vivía un amigo de nuestro tío, el señor Carmelo, el cual jugaba muy bien y tenía una pequeña peña de ajedrez en el amplio salón de su casa, en donde se reunían amigos para jugar, conversar, fumar, beber y pasar el rato. Mi tío le había hablado a su amigo de nuestra afición y este invitó a mi hermano Jorge a jugar. Cual fue nuestra sorpresa cuando Jorge, ese primer día, le empató la partida. Ese fue su debut “semi-profesional”.
1962. Primer torneo Capablanca in Memoriam de La Habana.
En esos días de
1962 comenzó en La Habana el primer torneo Capablanca in Memoriam el cual se
desarrolló en varios salones del céntrico hotel Habana Libre (antes Habana Hilton)
al cual fueron invitados ajedrecistas muy famosos. Los podíamos ver de cerca,
casi tocarlos. Había mucho silencio y respeto para la tranquilidad de los
mismos y del desarrollo de las partidas. Próximo a la sala de juegos colocaban
grandes pizarras en donde se mostraban el desarrollo de todas las partidas
jugada por jugada, con expertos analizando, comentando y especulando sobre las
distintas variables de juego, etc. Además, vendían unos pequeños tableros portátiles
de cartón, con hendiduras en cada casilla, para insertar las pequeñas piezas de
ajedrez de cartón. Al siguiente día de cada ronda se podían comprar unas hojas coleccionables
en portafolios, con todas las partidas debidamente impresas y a un precio muy
popular. No existían ordenadores, portátiles, ni móviles. Eran tiempos de
efervescencias populares, tanto educacionales como culturales. Aquel primer torneo
“Capablanca in Memoriam” nos acabó de enganchar al juego.
Quiero
decirles que a esos torneos, sucesivos cada año, asistieron ajedrecistas de la
talla de:
Miguel Najdorf - GM – Argentina - excampeón mundial
Lev Polugaevsky – GM – URSS
Mijail Botvinnik – GM – URSS - excampeón mundial
Mijaíl Tal – GM – URSS - El genio de Riga.
Boris Spassky –
GM – URSS - excampeón mundial
Víktor Korchnói
- GM – URSS – pianista concertista
Tigran
Petrosian – GM – URSS - excampeón mundial. Fue a la Olimpíada celebrada en Cuba
en el año 1966.
Vasili Smyslov
- GM – URSS - excampeón mundial
Bobby Fischer –
GM – USA - excampeón mundial – Participó por teletipo debido a las
discrepancias políticas entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba.
Milev Zdravko –
GM – Bulgaria
Jan Hein Donner
– GM – Holanda
Efim Geller –
GM – URSS
Ludek Pachman –
GM - Checoeslovaquia
Borislav Ivkov
– GM – Yugoeslavia
Victor
Ciocaltea – GM - Rumanía
Wolfgang
Uhlmann - GM – RDA
René Letelier –
GM – Chile
Eleazar Jiménez
– MI – Cuba
Francisco José
Pérez Pérez – MI – Cuba-España
Eldis Cobo – MI
- Cuba
Gilberto García
– MN - Cuba
…y otros que no quiero olvidar pero que desgraciadamente se han perdido en la memoria de esos torneos. Me gustaría que alguien con acceso a esos materiales, investigara y los colgara en la red. Hay poca información detallada de esos años.
Para
ir terminando, quiero contarles que en ese año 1962, a mi familia le
concedieron un apartamento, en principio de alquiler, en el recién construido
reparto Camilo Cienfuegos al este de La Habana. Entonces nosotros, sin
proponérnoslo, poco a poco hicimos nuestra pequeña peña ajedrecística. Así
conocimos a nuestro entrañable amigo Pepe (José
Samuel Moya), de nuestra edad, después estudiante de arquitectura, el cual también
era (y es) un aficionado y estudioso del juego. Nos dábamos unas buenas tandas
en el portal de nuestra casa. Los más fuertes en el juego eran mi hermano Jorge
y Pepe. Yo era menos estudioso, pero de vez en cuando también lograba ganarles,
más por errores de ellos que por mérito propio. Desde luego, mi tío participaba
de esos “matches” los domingos cuando nos hacía la visita.
Así,
finalmente, creo que el ajedrez, al ser un juego basado básicamente en resolver
problemas y conflictos, nos aportó un buen desarrollo mental, una herramienta
fundamental para la resolución de los avatares cotidianos de la vida. El
ajedrez es lucha, disciplina, diversión, meditación, dedicación, resolución, y
muchas cosas más. Por eso creo que este juego debiera ser casi obligatorio en
cualquier sistema de estudios. Muchos países lo han incorporado como asignatura
obligada a sus sistemas de estudios primarios.
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viernes, 12 de septiembre de 2025
La Escuela Nacional de Artes de La Habana, Cuba. (ENA). Mis recuerdos 1962 - 1970.
PRIMERA PARTE.
(Son siete partes en total)
Esta escuela se inauguró en el año 1962 en las instalaciones del hasta entonces Country Club de La Habana, un selecto lugar para millonarios, con hotel y amplios terrenos dedicados al golf y que al triunfo de la Revolución dejó de serlo.
Para ingresar en la nueva escuela como becarios gratuitos del estado cubano, se hicieron pruebas de aptitud por todas las provincias de Cuba, sin distinción de razas ni origen. Mi hermano Jorge y yo tuvimos la suerte de ser admitidos en la primera convocatoria. Teníamos entonces 9 y 10 años respectivamente. Recuerdo que la prueba nos la hicieron en un local que se encontraba detrás del Teatro Amadeo Roldán. El maestro Manuel Suárez fue quien nos examinó. La prueba consistía en un examen de aptitud auditiva y rítmica. Mi padre nos había preparado muy bien. Mi hermano Jorge y yo les cantamos también el Himno Nacional de Cuba a 2 voces. Mi hermano Jorge obtuvo 99 puntos y yo 98, de un total de 100.
La nueva Escuela Nacional de Música tenía un régimen de internado. Vivíamos en las casas y chalets, abandonados por familias ricas, que al triunfo de la Revolución en 1959, emigraron fundamentalmente a los Estados Unidos, creyendo que la triunfante Revolución era una cosa de meses...
Recuerdo el primer día en que ingresamos a la escuela: Junio 13 de 1962. A mi hermano y a mí nos alojaron junto a otros niños en una de las casas abandonadas del reparto Cubanacán y destinadas a la Escuela. Constaba de dos plantas y estaba habilitada con 2 o 3 literas en cada habitación. Tenía varios baños y conservaban los muebles, incluidos televisores y cocinas eléctricas de sus antiguos dueños. En total éramos alrededor de 25 niños por cada casa, llegados de toda Cuba, incluso hijos de campesinos humildes. Como esa casa existían muchas más. Las de niños tenían una responsable mujer. Les decíamos “tías” cariñosamente. Ellas eran las encargadas de nuestro cuidado durante la semana. Recuerdo a Maria, la negra de formación humilde, que durante algunos años nos cuidó como a sus hijos. También a Josefina...
La verdad es que a mí me costó trabajo adaptarme y creo que nunca me adapté totalmente al régimen de internado. La impresión personal que yo tenía era que estaba en un orfanato ya que eso es lo que siempre había visto en las películas de TV. Pero esa sensación solo la tenía el primer día de la semana; el resto de los días ni pensaba en eso...Salíamos todos los sábados por las mañanas y regresábamos el domingo a las 10 de la noche.
Comedor de la ENA en el antiguo Country Club de La Habana
Casas en donde se estudiaba Música
Enrique Plá y Marcos M. Valcárcel durante una actuación en TV de orquesta de La ENA dirigida por el Prof. Nilo Rodríguez
El Coro mixto de la ENA con el director Oscar Vargas al frente. Año 1963-64 aproximadamente.¡Y Albertina! Que era una especie de conserje y que siempre fue muy cariñosa con todos.
En la percusión, de izquierda a derecha: Elisa Escribá, Yo, Ernesto Couto y Enrique Pla.
La vida en la escuela se desarrollaba de Lunes a Sábado. Al principio las clases de Música se daban por las mañanas y las de Enseñanza General por las tardes. Cada tipo de escuela tenía su director. Las clases de Música tenían un horario de 8:00 a 12:00 y las de Escolaridad (así le llamábamos) comenzaban después del almuerzo, a las 2:00 de la tarde hasta las 6:00.
Por las noches, después de comer se desarrollaban las horas de estudio en las casas – albergues. En cada una había varios pianos de pared en donde, por mutuo acuerdo, los alumnos se turnaban para estudiar. Los de otros instrumentos también estudiaban en cuanto rincón se podía. Por lo tanto, la noche era un hervidero de sonidos en cada casa.
Por suerte había pocos vecinos en los alrededores y además, las casas estaban bastante separadas entre si. Téngase en cuenta que eran chalets con jardines y casi todas con piscinas, pero estas se mantenían vacías quizá por precaución con los niños. No lo sé. Y cuando llovía mucho se llenaban de lodo y variados tipos de ranas y sapos. El barrio era oscuro por regla general y tenía su propio microclima, con muchas arboledas y mucha humedad.
La disciplina en las casas era controlada por la “tía” que cuidaba la casa correspondiente. Entre las legendarias se encontraba Nievecita. Era una mujercita negra, delgadita, pequeña y muy nerviosa, pero tenía una energía a prueba de fuego. La recuerdo siempre vestida de blanco y muy limpia. La casa que ella cuidaba estaba siempre impecablemente limpia y ordenada. También la casa en que vivíamos mi hermano y yo. María, nuestra responsable nos metía en el baño, en cueros, de tres en tres y nos enseñaba como si fuéramos sus propios hijos. Nunca vi golpes ni maltratos. Algún agarrón por los brazos sí, pero con el cariño de una madre. Claro que había alguna más estricta que otra. Nievecita era muy estricta. Todas ellas vivían y dormían con nosotros durante la semana. Los que éramos de la ciudad nos íbamos a casa el fin de semana y los que no se quedaban en la escuela. De vez en cuando iban a sus provincias.
Otra de las tías legendarias era Gisela. Esta señora imponía un respeto tremendo. Era como un fantasma porque allí donde había un relajo aparecía ella, A CUALQUIER HORA!!! Deambulaba por todo el barrio el día entero, lo mismo a la mañana, la tarde o la madrugada. Le teníamos respeto - “repeto”, decía ella - y cariño a la vez.
También recuerdo a María Teresa, una señora mayor con moño en la cabeza, que todas las mañanas nos levantaba de la cama a las 7 y media de la mañana – hora reglamentaria – con una regla en la mano tocándonos por los pies, uno a uno y nos decía muy bajito y despacito: ¡Arriba mijito! ¡Arriba mijito!
Tuve otra responsable que nos levantaba tumbando, golpeando las puertas de las habitaciones! ¡Arriba, de pié todo el mundo!
¿Y que decir de Carmen? Esta señora, También negra, de tipo muy varonil, tengo entendido que había sido sirvienta de una familia que había vivido en una mansión del barrio, parecida o copia de la casa de la película “Lo Que El Viento Se Llevó” También había practicado el tenis y mantenía una musculatura impresionante. Esta mujer era empleada del comedor. Pero era una defensora de todos los alumnos y se daba a querer.

¿Y Luís? A ese si que lo conocíamos bien. Era el encargado de controlar la entrada al comedor (a veces nos dejaba comer doble) y además muy conocedor del golf y el béisbol. En el antiguo Country Club había trabajado como “caddie” (el que lleva los palos y maneja los carritos) del sitio. Este señor era un personaje por su forma de ser, su forma muy peculiar al hablar, con un acento típico del barrio de Marianao, su compenetración con todos los alumnos, niños y mayores. En sus ratos libres lo mismo nos enseñaba los secretos del golf u organizaba equipos de béisbol. Vivía sólo en una casita a la entrada del edificio central. Era un hombre delgado y ya entrado en años, quizá muy mal cuidados. Parecía tener mal carácter pero era todo lo contrario.
Un día, de noche, estábamos viendo por la TV, en el salón principal del edificio, uno de los clásicos partidos de Béisbol entre EE.UU. y Cuba. Éramos un grupo de 30 o 40 muchachos agrupados frente a la TV. El juego estaba tenso y Luís se ponía de mal humor y sólo sabía decir: ¡Hay que jugar al toque de bola! En un momento del juego el equipo de EE.UU. se puso al frente y Luís apagó el televisor del encabronamiento que cogió. Cerró los ojos, levantó el dedo y nos dijo que nos fuéramos para los albergues. Pero sabíamos que solo era para callarnos la boca y por eso nos quedamos por ahí dando vueltas a ver qué pasaba. A los pocos minutos volvió a encender el aparato y se produjo un “squeeze-play” (jugada sorpresa en Béisbol) exitoso a favor de Cuba. Empezó a gritarnos, cerrando los ojos y apuntando con el dedo hacía arriba: ¡Ya te lo dije, ya te lo dije! ¡Hay que tocar la bola!
Así eran los primeros empleados de la ENA. Hay muchos más, como los cocineros Partagás, Mario el gordo y Roselló o Pelegrín el repostero. Pedro y Luís, los barberos que nos cortaban el pelo cada 20 días... Los de la enfermería, los mecánicos de las dos guaguas Skoda, Gorrita, el chofer de la “polaquita”etc. Todos ellos hicieron historia en la escuela. Pero las anécdotas son innumerables y quizá otra persona con más tiempo y memoria pueda relatarlas.
Fin de la segunda parte.
Marcos Valcárcel Gregorio, Octubre, 2009.
La Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba. (ENA). Mis recuerdos. 1962 - 1970. TERCERA PARTE.
Creo firmemente que las cosas deben valorarse dentro de su contexto histórico y no desde la distancia de los años. Es decir, todo tiene su “por qué” Así trato de recordar estos años y mis recuerdos tratan de ser lo más exactos posibles.
El nombramiento de Bertha Serguera como directora general de la ENA (no recuerdo el año exacto) marcó un nuevo rumbo que duró varios años. Para bien o para mal, se instauró una disciplina semi-militar, común en todo el sistema de internado nacional de casi más de cien mil becarios del gobierno. Quizá no era lo más apropiado para una escuela de Arte, pero así fue y repito, no fue exclusivo para la ENA.
Eso supuso una nueva organización de los albergues, casas o viviendas de los alumnos en pelotones y compañías militares. Recuerdo que nos despertaban a las 7 de la mañana. A las 7 y media había que estar fuera de la casa, en formación militar, por pelotones y compañías. Cada casa o albergue tenía un alumno-jefe de pelotón que se subordinaba a un jefe de compañía, también alumno. Estos eran designados por la escuela.
Una vez formados en la calle, se pasaba revista y nos trasladábamos, en fila india, al comedor central (el antiguo hotel), a un kilómetro de distancia, para desayunar. Las camas, las habitaciones, debían quedar debidamente ordenadas y recogidas.
Después del desayuno, en una plaza frente a la entrada del edificio central, se reunían todas las compañías (militares) una por cada especialidad (Música, Danza, Artes Plásticas, etc...) para hacer el Matutino. En ese acto se izaba la bandera al compás del Himno Nacional interpretado por la Banda de alumnos. También en ese momento aprovechaban para dar las consignas del día y ver quién estaba más peludo de la cuenta. Terminado este acto nos dirigíamos individualmente a las respectivas escuelas y actividades.
A cada alumno se le entregaba a principios de curso dos uniformes completos que incluían botas militares para los varones y zapatos para las mujeres, calcetines y ropa interior. También camisetas blancas enguatadas y abrigos verde olivo. El calzado se reponía cuando se gastaba. Los alumnos del interior del país disponían de lavandería. Esta también se ocupaba de las sábanas y toallas que se sustituían dos veces por semana.
La limpieza en las casas-albergues las realizaban los propios alumnos según un orden establecido semanalmente. Cada alumno sabía lo que tenía que hacer.
Estaba totalmente prohibido ausentarse, salir del perímetro de la escuela, durante la semana. Como ya dije en una entrada anterior, los permisos (pases) para ir a casa eran los fines de semana. Por lo tanto uno de los peores castigos era quedarse sin ir a casa.
Semanalmente, el viernes, se hacía una Corte Militar. Esta consistía en reunir a todos lo alumnos de una compañía y someterlos a un juicio sobre su conducta semanal. Para eso había un sistema de puntos. Si en la semana sumabas más de 10 perdías el pase de fin de semana. Los puntos los imponían los instructores que eran un cuerpo de alumnos designados por la dirección general de la escuela. Si un instructor te sorprendía en una infracción, según el tipo, te ponía un reporte de equis puntos. Todo se juzgaría en la Corte Militar semanal.
Sobre ese particular hay muchísimas anécdotas. Algunos alumnos eran verdaderos temerarios en el arte de saltarse la disciplina.
La Corte Militar se desarrollaba en el salón principal del edificio que, todavía hoy, se encuentra a continuación de la entrada principal. El Tribunal estaba compuesto por alumnos instructores y el subdirector de disciplina de turno.
Cada alumno tenía un número asignado. Si tenías algún reporte le llamaban por su número:
-¡710! Llamaban los del Tribunal.
-¡Aquí! Respondía el alumno.
-¡Acá! Y el “acusado” se acercaba al frente del Tribunal y se paraba en posición militar de atención. El Tribunal le ordenaba que se pusiera en posición de descanso y procedía a decirle:
- Tiene Ud. un reporte por llegar tarde a la formación el día 14 a las 7 y treinta de la mañana.. ¿Qué tiene que alegar?
-¡Permiso para acercarme al Tribunal!
-Concedido.
Tras la debida explicación privada “estaba en el baño porque me hallaba descompuesto” el Tribunal decidía: ABSUELTO! Puede retirarse.
Pero había casos célebres como el de Edilberto Cardoso. No faltaba a una Corte. Siempre estaba convocado, por una causa u por otra. Mi pobre amigo siempre estaba castigado por sus “indisciplinas” Era un tipo rebelde por naturaleza. Estudiaba clarinete y era un muchacho de la provincia de Camagüey.
Era de esos que le llamábamos “guaposo” por su forma chulesca de vivir y vestir. Edilberto tenía su propia forma de ser. Usaba la camisa del uniforme por fuera de la cintura del pantalón, cuando lo reglamentario era usarla por dentro. Los bajos del pantalón, con filo incluido, los usaba a medio meter entre las botas, cuando el reglamento decía que había que meterlo completo, tipo militar, etc...O sea, un verdadero “guaposo” de la época. Y así se presentaba delante de la Corte todas las semanas, con clarinete en la mano incluido! Y agitando al Tribunal para que lo condenaran rápido, ya que decía que no podía perder tiempo, que tenía que estudiar!
En otra ocasión a los músicos de la Banda de Música, entre los que me encontraba yo y mi hermano, nos dejaron un mes sin pase gracias a nuestro querido amigo Arturito Sandoval. En pleno desarrollo del matutino e interpretando el Himno Nacional a Arturo se le ocurrió tocar su parte de trompeta del himno ¡en la octava alta del instrumento! Se consideró una falta grave al Himno y a la Bandera. ¡Pagamos todos justos por pecadores!
Otro alumno ilustre, entre muchos, era mi amigo Andrés Escalona, actual primer contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional. A este le decíamos Juan Sebastián Bach porque era el rey de la “Fuga” Siempre andaba escapado de la escuela y nunca lo sorprendían!
Esto era por los años 64 o 65. ¡Que tiempos aquellos!
Hoy las cosas ya no son así. La organización disciplinaria hace rato perdió su caracter militar. Eran otros tiempos y quizá desde la distancia de los años todo puede parecer excesivo. Yo no lo voy a juzgar. Prefiero pensar en las cosas positivas que me ayudaron a ser músico y persona y creo que esta etapa de mi vida fue importante.
En la próxima entrada trataré de hablar de esas cosas.
Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre de 2009.
La Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba. (ENA). Mis recuerdos. 1962 - 1970. CUARTA PARTE.

Marcos y Jorge Valcárcel: "Los Valcarcitos" 1966-67aprox.
Con la directora general Berta Serguera también llegó la Escuela al Campo, una actividad en la que todos los estudiantes de Cuba debíamos participar una vez al año. Consistía en ir a trabajar al campo durante 45 días, como parte de una educación integral. Más adelante escribiré sobre esa experiencia.
Pero la primera actividad extradocente que a mi hermano y a mí nos tocó fue ir a la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes, en el centro de Cuba, en pleno macizo montañoso del Escambray, a 300 y pico de kilómetros de la capital. Mi hermano Jorge y yo, junto a otros compañeros y un par de profesores fuimos a preparar un coro de 2 mil voces para la interpretación de una Cantata del profesor y compositor Nilo Rodríguez basada en la “Elegía a Manuel Ascunce” de Adigio Benítez. El coro en ciernes, formado por los estudiantes para maestros, sería acompañado por la orquesta de la ENA, en un concierto programado para una visita que haría Fidel Castro a Topes de Collantes, y que tendría como invitados a los delegados a la Primera Conferencia Tricontinental en el invierno de 1965-66.
En aquellos días, para subir a Topes de Collantes había que hacerlo en camiones rusos ZIL de guerra, a los que se les llamaba “guarandingas” El trayecto de casi 15 kilómetros demoraba casi una hora.
Después de tantos años me quedo sorprendido al recordar que ¡yo solo tenía 13 años y mi hermano 12! La verdad es que no sé cómo fuimos a parar ahí y menos a ayudar a preparar un coro tan grande. Pero, para ser justo, recuerdo que Berta Serguera dijo que éramos muy jóvenes para irnos lejos de la escuela y de casa pero... yo se lo pedí personalmente, movido por la aventura.
Nuestra labor consistió en ayudar a seleccionar las voces y montar la Cantata. Recuerdo el primer día en que llegamos. En medio de aquellas montañas se alzaba un majestuoso edificio blanco que antes de la Revolución de 1959 fue un hospital para tuberculosos. En ese momento era ya la sede principal de esa escuela formadora de maestros en donde estudiaban casi más de 4 mil jóvenes.
Ahí nos hospedaron junto a los alumnos de la escuela. Mi padre me había regalado mi primer reloj Poljot ruso. Era dorado, muy bonito y solo me duró el primer día porque me lo robaron en la primera noche de nuestra estancia.
¡Ahí estuvimos cerca de 2 meses ensayando y comiendo solo arroz con frijoles colorados, sin ná! ¡Y sin más ná!
Al mes y medio de haber comenzado los ensayos del Coro, llegó la orquesta de la ENA.
Los ensayos los realizamos primero en una antigua iglesia y más tarde en un anfiteatro al aire libre, continuo al edificio. Ahí también se celebró el concierto el día señalado. Y por primera vez vi a Fidel Castro en persona. Iba con su gorra militar característica y la barba la tenía roja. Claro, en la TV en blanco y negro de la época se veía negra.
El concierto quedó bien y esa fue nuestra primera actividad semi-profesional de nuestras vidas. La Cantata pasó a la historia sin penas ni glorias. Solo se interpretó esa vez y otra al cabo de muchos años por la Orquesta Sinfónica Nacional en un homenaje a Adigio Benítez, el autor de la “Elegía” Solo recuerdo su tema principal:

Creo que era lo más bonito que tenía la Cantata, con perdón de nuestro querido maestro Nilo Rodríguez. Quizá éramos muy jóvenes para comprender su lenguaje contemporáneo. Además, los papeles de la Percusión casi nos los tuvimos que inventar. Los percusionistas éramos: Enrique Pla, Elisa Escribá, mi hermano Jorge Valcárcel, alguno más que no recuerdo y Yo.
Después, a los pocos meses me volvieron a escoger junto a otros compañeros para montar el espectáculo de fin de curso de la Escuela de Pesca en Playa Girón. Recuerdo que éramos 8. El jefe del grupo era Mediavilla que era el mayor del grupo. También recuerdo a Nereida Matamoros, Lino Neira, Octavio el bailarín, entre otros.
Aquello fue un tremendo vacilón. Fueron 30 días en los que solo trabajábamos un par de horas por las noches. El resto del día lo pasábamos en la playa. Recuerdo que estaba de moda el ritmo Mozambique y eso fue algo de lo que "me encargué de preparar", aunque confieso que aprendí más de los alumnos aficionados que ellos de mí.
De esa estancia en la escuela de pesca en Playa Girón recuerdo muchas cosas pero hay varias en particular:
- El fin de semana que pasamos en una goleta, en Cayo Piedra, a una hora de viaje por mar al sur del lugar. Esto fue por invitación del director de la escuela que quería que viéramos cómo aprendían los futuros patrones barcos las artes de pesca en barcos tipo Cárdenas.
- Comencé a fumar.
- Las audiciones de Jazz con nuestro amigo Mediavilla al frente. En una de las casas había un tocadiscos de Alta Fidelidad. Escuché un disco de vinilo que se llama “Hi-Fi Drums” con solos del famoso baterista Buddy Rich. Me quedé fascinado con los solos de Batería.
- Tuve mi primer acercamiento involuntario al sexo. No había yo cumplido los 14 años y una de las chicas de teatro que formaban el grupo, de cuyo nombre y cara me acuerdo, mucho mayor que yo, me arrinconó un día contra una columna y se me restregó, con temblores y como medio loca. Yo, inocente, supuse que estaba enferma de los nervios y así se lo comenté a Mediavilla que era nuestro alumno jefe. Éste, que también era mucho mayor que yo, se empezó a reír y me dijo: “...No te preocupes, que yo sé qué enfermedad tiene ella y eso lo voy a resolver yo...” No sé sí realmente lo resolvió.
La Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba. (ENA). Mis recuerdos. 1962 - 1970. QUINTA PARTE.
Bertha Serguera (la “doctora”, como acostumbraba a llamarla nuestra querida profesora Aida Teseiro) fue la encargada de “meter en cintura” a la joven Escuela Nacional de Arte (ENA)
En aquellos años era una mujer de unos 40 años, muy elegante siempre, de muy bien ver, o sea, en cubano, ¡Estaba muy buena! Y lo digo con todo el respeto del mundo. Se le veía diariamente por la escuela y era muy respetada por todos los alumnos por su contacto personal con cada uno de ellos. La recuerdo como una persona muy recta pero a la vez muy cercana.
Con su llegada comenzamos a tener instrucción semi-militar, común a todas las escuelas del sistema de becas en Cuba. Los sábados teníamos clases de arme y desarme de fusiles. Estos eran del tipo Máuser y M52 checo. Se usaban en las guardias nocturnas de los alumnos. También nos enseñaron algo de táctica militar, construcción de trincheras, etc. Pero confieso que nunca llegué a disparar con los fusiles.

¡A formar!
De esta etapa recuerdo con mucho cariño al profesor de coro, el guatemalteco Oscar Vargas. Este había recalado en Cuba por problemas políticos en su país e inmediatamente comenzó a trabajar en la ENA. Formó un coro de niños y otro juvenil. Nos enseño un repertorio universal incluyendo canciones latinoamericanas. Esos coros llegaron a cantar muy bien. Para afinar solo necesitábamos el LA del diapasón. Además, este profesor dejó las bases sentadas en Cuba para lo que sería más tarde la cátedra de dirección coral.
Con el mandato de Bertha llegaron las idas a la Escuela al Campo en la Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos) al sur del archipiélago de Cuba.
La escuela, completa, incluyendo cocineros, empleados, dirección, se trasladaba hasta Batabanó en autobuses y de ahí tomábamos un ferry o trasbordador hasta la Isla. El viaje duraba cerca de 6 horas por mar. Habían en aquellos momentos 2 ferrys nuevos, construidos en España: El “Jibacoa” y el “Comandante Pinares”. También seguía haciendo sus viajes el viejo “Pinero” más pequeño.
Cocina de campaña en la escuela al campo en la Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos)
El nombre del primer campamento en que estuvimos era el del mártir de la revolución Frank Pais. Creo que tuvo que ser a finales de 1965. Si recuerdo que parecía un rancho y que dormíamos en hamacas. Trabajábamos en los cultivos de cítricos. Desde abrir los huecos para la siembra, de casi un metro cuadrado, hasta la recogida de las frutas. La disciplina bajo el mando de Bertha era estricta. Por las noches los alumnos se dedicaban a estudiar sus instrumentos.
Mi hermano se enfermó de Rubéola y fue hospitalizado durante más de una semana en el hospital provincial.
El segundo viaje, al año siguiente, fue en otro campamento, llamado “La Sacra”. Dormíamos en tiendas de campaña. Y también hicimos lo mismo. La Isla entera estaba llena de cítricos.
En el siguiente año ya yo no estuve ya que, por fin, mis padres oyeron mis súplicas (nunca me adapté al régimen de internado) y mi hermano y yo dejamos de estar en la ENA y nos trasladamos al conservatorio “Amadeo Roldán”.
En ese intervalo se produce otra Escuela al Campo a la isla. Según cuentan los que estuvieron, aquel campamento se llamó “La Felicidad” y fue el fin del mandato de la directora Bertha Serguera. Un alumno de arte dramático, ventiañero, conquistó su corazón, aparecieron las melenas en los alumnos y la disciplina se vino abajo. Al término de esta estancia y de regreso a La Habana, fue sustituida por Mario Hidalgo, un veterano del desembarco del yate Granma. Bertha Serguera finalmente se casó con el alumno.
Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.
La Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba. (ENA). Mis recuerdos. 1962 - 1970. SEXTA PARTE.
Los primeros profesores de la Escuela Nacional de Música integrada en la ENA provenían de un entorno académico clásico y casi ninguno de la llamada música popular. Los profesores de instrumentos eran músicos de la Sinfónica Nacional y los teóricos venían de antiguas academias y conservatorios de corte clásico. De los que yo recuerdo, solo el profesor Fausto García Rivera, de percusión, era músico de la orquesta del show del Hotel Riviera.
Y naturalmente los primeros programas de estudios estaban diseñados atendiendo al más puro concepto clásico. Había también una primera intención docente, nacionalista, a partir de trabajos de la pedagoga Carmen Valdés que publicó unos primeros folletos creo que, en principio, dirigidos a las precursoras escuelas de Instructores de Arte. También para esas escuelas el profesor Domingo Aragú diseñó quizá, los que se pudieran llamar, los primeros folletos-libros de instrumentos de Percusión cubana en el mundo, con explicaciones y ejercicios técnicos. Así que la nueva Escuela Nacional de Música era un conservatorio al más puro estilo clásico con elementos de cultura cubana pero que no incluía los géneros y tipos de formaciones populares. Téngase en cuenta que en el año 1962, fecha de creación de la ENA, la Orquesta Sinfónica Nacional era la única institución que representaba, con calidad profesional, a la música clásica, académica, culta, exacta, como quiera que se le quiera llamar.
Los primeros alumnos de la Escuela Nacional de Música, casi en su mayoría comenzaron sus estudios musicales desde cero. Había algunos contados alumnos que ya vinieron tocando bastante bien sus instrumentos, como por ejemplo, los hermanos Alen, que llegaban desde EE.UU. Pero en los inicios, la escuela tenía un nivel Elemental. En los 2 o 3 primeros años siguientes comenzaron a llegar alumnos que ya tocaban sus instrumentos y como era natural venían del mundo llamado popular, por ejemplo, Arturo Sandoval y Enrique Pla.
¿Hubo alguna prohibición explícita en Cuba para tocar Jazz o música popular en los conservatorios de la época? No lo sé, pero mi primer contacto con el Jazz, The Beatles, Blood, Sweat &Tears, y otros, fue en la ENA. ¿Alguien recuerda la Big Band de la ENA? ¿Alguien recuerda la Charanga Típica de la ENA dirigida por mi amigo Adalberto Álvarez? Para los que no lo saben: existieron.

Charanga típica de la ENA
Para ser sincero, yo nunca sentí prohibición alguna para tocar música popular. Si experimenté opiniones en contra por parte de algún que otro profesor. En mi caso, estudiante de percusión, tenía una atracción especial por la batería, y oía decir que eso era una mierda ¡que yo tenía que estudiar percusión de verdad! y que la verdadera música era la clásica. Eso si lo oí. Era una coacción pero no una prohibición.
Recuerdo que era la época del Mozambique, con Pello “el Afrokán” al frente y su banda gigante. Era un fenómeno de masas, utilizado políticamente o no pero sonaba por la mañana, la tarde y la noche. Había una profesora que lo odiaba. Pero en algo tenía razón porque aquello no tenía calidad musical alguna y la desafinación era insoportable. ¡Pero era divertido!
También en el mundo se estaba viviendo el fenómeno Beatles, acompañado de Rolling Stones y Led Zepellin en la vertiente del Rock más duro. En Cuba ya para la época no era posible comprar un LP de los mismos debido a la ruptura y la no-existencia de todo tipo de relaciones con EE.UU. nuestro principal mercado. Solo sobrevivía la radio y las copias piratas en planchas de metal.
Además, Cuba tenía su propia música popular con una fuerza y un amplio espectro laboral.
Ya sabemos que sólo existe un tipo de música: la buena y bien hecha. Pero en Cuba (y también en otros países) siempre ha existido la división entre Música Popular y Clásica. Todavía hoy, músicos de ambos bandos siguen debatiendo sobre eso. He oído a músicos clásicos rechazar lo popular y viceversa. Pero también existen los verdaderos, los que juegan a las dos bandas.
Hace pocos días oí a una amiga decir, a toda voz, que en aquellos días la dejaron sin pase (permiso para ir a casa) dos meses por oír a Juan Manuel Serrat. Son verdaderas exageraciones, por no decir mentiras, que se oyen por estos días. Y lo peor de todo, ¡hay quien se las cree!
¿Hubo alguna prohibición para tocar Jazz en Cuba? Sinceramente lo desconozco. Lo que sí sé es que la primera Big Band profesional que vi y oí en vivo en mi vida, fue la Orquesta Cubana de Música Moderna con los maestros Armando Romeu y Rafael Somavilla al frente. Nuestros ídolos eran Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Chucho Valdés y Enrique Pla.
¿O quizá el enfrentamiento político y cultural con un adversario tan poderoso como los EE.UU. fue el detonante de alguna directriz que trataba de rechazar todo lo yanqui? Es posible. Eran tiempos en que la joven Revolución cubana, con un mayoritario y casi total respaldo del pueblo se defendía con uñas y dientes de un enemigo agresivo y muy poderoso. Y esa lucha también abarcaba el terreno cultural. Los melenudos, por ejemplo, eran mal vistos. Y el Jazz y el Rock se asociaban con la cultura del enemigo. Cosas de la época.
Hablando un día con un importante musicólogo español este me comentó que en el mundo hay 3 corrientes o fenómenos musicales que conforman las raíces de la llamada música popular, a escala global: EE.UU., Brasil y Cuba. No sé, pero los músicos en Cuba se han dado y siguen dando por chorros. Y son altamente valorados internacionalmente.
Lo que sí sé (sabemos todos) es que hay muchos músicos cubanos muy buenos y mundialmente reconocidos entre los más grandes, que desarrollaron sus carreras, en Cuba, en la ENA y en esos años. No lo hicieron a escondidas. Y son muy buenos artistas por su envidiable talento y trabajo, pero también porque tuvieron una educación como Dios manda.
Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.
La Escuela Nacional de Arte de La Habana, Cuba. (ENA). Mis Recuerdos. 1962 - 1970. SÉPTIMA PARTE y FINAL.

Y llegó Mario Hidalgo. Sustituyó a Berta Serguera después de aquel episodio en el campamento “La Felicidad” en la Isla de la Juventud. (La ENA 5 parte)
A su llegada yo no estaba en la escuela ya que mi hermano y yo les habíamos rogado a nuestros padres que nos permitieran estudiar en la calle, fuera del internado, en el conservatorio “Amadeo Roldán” después de cinco años internados en la ENA. Nos oyeron y así pasamos dos cursos en aquella otra distinguida institución habanera. Pero, como resultado de una reorganización de la enseñanza de la música en Cuba, tuvimos que volver a la ENA para terminar nuestros estudios en lo que se llamó Escuela de Instrumentistas.
En relación al régimen de internado, fueron mis mejores años en la ENA ya que me vi, con 17 años, en pleno desarrollo de mi adolescencia, con mis primeros amores, con más “calle” y más consciente del por qué de mi futura carrera como músico. Además, recuerdo que constantemente le pedíamos pase a Pancho (director de internado) y este nos lo concedía. Pero también puedo recordar la etapa de Mario Hidalgo, la que yo viví, como una época bastante dura y con muchas contradicciones. Fueron los años 1968 – 1970: Ofensiva revolucionaria y Zafra de los 10 millones.
Tal parece que después del “relajo” que se armó en aquel campamento de “La Felicidad” en la Isla de la Juventud, Mario Hidalgo entró con instrucciones de apretarle la tuerca a aquellos ‘artistas burguesitos y medio marinconcitos de la ENA’. Y, no recuerdo las fechas exactas, pero en aquellos dos cursos fuimos dos veces, en un mismo año, a la Isla. También durante la Zafra de los 10 millones, íbamos al corte de caña cada 15 días, los fines de semana, a los campos del central Habana Libre. Aquello fue de “Apaga y Vete”!!!

Banda de la ENA dirigida por el profesor Marcos Urbay
Pero también recuerdo que hicimos el primer grupo de Percusión, con los instrumentos prestados de la Sinfónica Nacional gracias a las gestiones de nuestro profesor Domingo Aragú y el entusiasmo de nuestro compañero y colega Rene Vergara Gómez “Tommy”. Recuerdo que en esa época es que tocamos con la banda del maestro Marcos Urbay y la Sinfónica dirigida por el maestro Enrique Gonzáles Mantici. Recuerdo que, entre otras cosas, tocamos el Bolero de Ravel y la Obertura de Don Juan de Mozart.
Concluyendo, he tratado de resumir en siete historias mis recuerdos más relevantes de la ENA entre los años 1962 a 1970, este último, fecha de mi graduación.
Pasaron muchas cosas y muchas gentes; mejores y peores, como en todo lugar que se precie de educar a una gran cantidad de personas de toda clase, provenientes de todo el país. No le guardo ningún rencor a ningún compañero ni a ningún director. Con estos últimos nunca tuve ningún problema. De algún cuadro medio si tengo algún mal recuerdo por extremismo.
Muy a sus pesares, los que seguimos en este mundo hemos evolucionado y creo que para mejor.
A pesar de las distancias ‘de todo tipo’ seguimos siendo colegas y compañeros de toda la vida. Nuestra Escuela Nacional de Arte (ENA) y su continuación en el Instituto Superior de Arte (ISA) nos prepararon para vivir en este mundo, donde quiera que nos encontráramos. Y estoy muy orgulloso de haber sido fundador de ambas instituciones. Nuestros profesores y empleados de estas escuelas fueron los fundadores de un fenómeno que después se expandió por todo el país. Un fenómeno del cual todavía muchos se preguntan cómo pudo ser en un país pequeño y sin grandes recursos económicos.
Las cosas han cambiado como todo en esta vida, pero me gustaría que el espíritu y la ética de la enseñanza de esos años perduraran en nuestro país: La enseñanza pública y gratuita con la necesaria selección pero al alcance de todos y sin que prime el ánimo de lucro. Nuestros profesores fueron grandes y no se lucraron con nosotros.
Un día un alumno mío del ISA me dijo que estaba aburrido de la palabra Socialismo. Yo lo miré y le pregunte de qué parte de Cuba era. Me contestó que de Guantánamo (la última provincia de Cuba) y entonces le pregunté a que se dedicaban sus padres y me dijo que a la agricultura. Entonces le seguí preguntando si sus padres manejaban un tractor y me dijo que no, que sembraban hierba para el ganado...! Entonces le dije que si no fuera por esa palabra - Socialismo- que tanto odiaba, quizá no estuviera en la capital del país con una beca del gobierno estudiando en la mejor institución del país.
Eran otros tiempos.
Y entonces ¿por qué te fuiste de Cuba Marcos? Es la pregunta que se suele hacer. Eso es harina de otro costal. Nunca quise irme de mi país pero la vida a veces te pone a prueba y hace muchos años tomé la decisión de quedarme a vivir en España, mi segunda patria, después de devolverle a mi país, durante veinte años, lo que gratuitamente me enseñó. El pasaje a España me lo pagué yo.
Siempre estaré agradecido a mis profesores, mis escuelas y a mi país.
Nadie nunca me puso trabas.
Marcos Valcárcel Gregorio. Noviembre del 2011.
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A propósito de Bad Bunny en la Superbowl, el Reguetón y demás consideraciones. Yo soy de Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Wagner, Mahler,...









