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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

 




Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

          En plena Guerra Civil de Angola, alrededor del año 1980 yo tenía 28 años y ya había pasado a la reserva del ejército, como la mayoría de cubanos que habían pasado el Servicio Militar Obligatorio (SMO), o simplemente habían rebasado la edad de integrarlo. Este último era mi caso. Yo no pasé el SMO porque los maestros como yo estaban exentos. Todos los años me citaban a la oficina correspondiente y allí iba yo y me presentaba ante el comité de reclutamiento con mi carta que me acreditaba como maestro en funciones, y entonces me mandaban a casa. Desde que me gradué en el año 1970 me dediqué a la enseñanza de la Música, especialmente los instrumentos de Percusión.
            Por lo tanto, al llegar a la edad y quedar exento de pasar el SMO fui destinado a una Unidad de Reserva Militar como dije antes. Como músico integré entonces la Banda de las Milicias de Tropas Territoriales, mi Unidad de la Reserva, que en lo fundamental solo actuaba en los desfiles militares en la Plaza de la Revolución, en La Habana, cada dos años, reforzando a la Banda del Estado Mayor del Ejército. O sea, cada vez que había un desfile militar, allí nos juntábamos 500 músicos de La Habana. Recuerdo al ¿Coronel Barbón? dándonos las instrucciones: Bigotes sí, Barbas no, asistencia a todos los ensayos los sábados y por supuesto al desfile principal. Y el coronel gritaba:
            –¡El que no cumpla, lo mando para una Unidad de la Reserva!
            Eso significaba ir movilizado 20 días al año y hacer preparación militar pura y dura en campamentos lejos de casa.
            Al final nunca cumplía su amenaza y se llevaba bastante bien con todos los músicos.
            Así estaban las cosas cuando un día de 1980, me llegó una carta con una citación militar que decía que me debía presentar en el Instituto Técnico Militar (ITM), antiguo Colegio Belén de La Habana, tal día, a tal hora. Desde mi barrio al sitio de citación había que viajar cerca de una hora en guagua. En aquel momento ya yo no era miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
            Muy preocupado y sorprendido así lo hice. Recuerdo que al coger la guagua me encontré con un amigo, colega músico y vecino de barrio, el cual también estaba citado. (no menciono su nombre por respeto). Los dos estábamos muy expectantes. No sabíamos de qué se trataba la citación.
            A la hora de viaje, cuando llegamos al lugar, vimos que fuera del recinto había varios camiones militares estacionados en una calle contigua. «Uff…esto huele mal» pensamos los dos.
            Ya dentro del edificio, nos condujeron a un local grande en donde había más de 200 jóvenes bulliciosos y tan expectantes como nosotros. Se cerraron las puertas.
            –Bien, compañeros -dijo el oficial al frente de la reunión y todos nos callamos-. Esto es una convocatoria especial del Gobierno Revolucionario para cumplir una misión internacionalista en Angola-. Hubo un murmullo entre la masa allí congregada. El oficial, con una libreta y un bolígrafo en sus manos, hizo una pausa y fijó su vista seria en el personal, mirando por encima de sus espejuelos y continuó:
            –Todo aquel que no esté dispuesto a cumplir una misión internacionalista, puede marcharse por aquella puerta y dejar su firma antes de irse.
            Lo de la firma tenía su misterio. No te obligaban a “cumplir misión”, pero si te negabas te ibas marcado quizás para siempre.
            Nos miramos todos y a continuación, poco a poco, se levantaron unos 60 y se fueron.
            Mi amigo y yo nos miramos y alzamos las cejas.
            Yo pensé: «¡Ay mi madre!» Porque, yo no sé lo que pensaba mi amigo del barrio, pero yo estaba segurísimo que yo NO me iba a prestar para cumplir ninguna misión internacionalista en ningún lugar. Pero quería esperar hasta el último instante, a ver cómo me libraba del asunto. Por eso esperé.
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            Ahora quiero hacer un pequeño paréntesis en esta narración.
            A principios de la Guerra Civil de Angola (1975 - 2002) el Gobierno de Cuba, a petición del presidente angoleño Agostinho Neto y líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), decidió acudir en defensa de la soberanía recién adquirida de Angola.
            En aquel momento yo pertenecía la UJC, más por disciplina que por convicción. Yo era un joven revolucionario, o sea, defensor de la llamada Revolución Cubana.  Pero a mi nunca me gustó estar atado a ninguna organización, de ningún tipo. Estaba porque había que estar en el ajo.
            Como en La Habana y otras provincias de Cuba, ya corría la voz de que estaban mandando tropas a Angola, el Partido Comunista de Cuba (PCC) dio la orientación de reunir poco a poco a la militancia del PCC, así como de la UJC para poner a sus militantes al tanto de lo que de verdad estaba ocurriendo y creo yo que como preparación psicológica por lo que nos pudieran pedir. Esas reuniones se hicieron en el teatro “Kal Marx”, el más grande de La Habana, con capacidad para algo más de 5 mil personas.
            Entonces yo como militante de la UJC, asistí a una de esas convocatorias.
            Allí nos pasaron una película-documental, en blanco y negro, creo recordar, de cerca de 1 hora de duración (no tengo un recuerdo exacto), en donde se veía armamento pesado (tanques, cañones, ametralladoras “cuatro bocas”, camiones, lanzacohetes BM21, equipamiento militar) embarcando en barcos mercantes, así como tropas camufladas en las bodegas de los buques. También se explicaba todo el contexto logístico e internacional en que se desarrollaba todo. Yo me quedé frío porque me di cuenta del gran “tamaño de bola” del asunto. El gobierno nos estaba involucrando en una guerra a miles km de distancia, en nombre del Internacionalismo Proletario.
            Al siguiente día, caminando por el barrio de Los Pinos, hablé con mi padre, le conté lo que vi y le dije que yo, de ninguna de las maneras, iba a ir a ninguna guerra si me llamaban. Yo, como cubano, estaba dispuesto a defender a mi tierra, pero no a la tierra de nadie.
            Él, que no pertenecía a ninguna organización, (no porque él no quisiera; eso es otro cuento) me dijo con cara de disgusto, aconsejándome e implorándome:
            –No Marquito, no. Si a ti te llaman tú tienes que ir. Tienes que ir a donde te mande la Revolución. Tú eres militante de la UJC.
            –Lo siento Papi- como yo acostumbraba a llamarle-, conmigo que no cuenten y que después me digan lo que quieran.
            Yo estaba tomando una decisión muy jodida. No te obligaban a ir a Angola, pero si te negabas, quedabas estigmatizado para toda tu vida. Por eso creo que mi padre estaba más preocupado por las consecuencias para mi vida que otras cosas.
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            Sigo donde lo dejé.
            Una vez que se fueron los 60 y pico mencionados –previa firma en la puerta fatídica– se volvieron a cerrar las puertas.
            –Bien compañeros– volvió a decir el oficial. Los que quedan aquí se supone que están dispuestos a cumplir misión. Uds. dado el nivel universitario de la mayoría, van a ser entrenados para Tropas Especiales y de Paracaidismo. Pero -volvió mirar por encima de los espejuelos- los que pesen más de 120 kilos se pueden ir; no cumplen los requisitos para ser paracaidistas. Los que se vayan por esa razón, se van por aquella segunda puerta y firman el documento que les entregará el compañero que está allí.
            En ese momento saltó del fondo del recinto un gordo gordísimo diciendo:
            –Óigame compañero, yo quiero dejar constancia que yo sí quiero ir, así que, si me voy, no me vayan a señalar…
            –Despreocúpese compañero. Evidentemente Ud. no puede integrar esta fuerza paracaidista. Lo siento mucho.
            Y el muchacho se fue cabizbajo.
            Se hizo una pausa y se generó otro murmullo general.
            Yo pensé para mis adentros:
            «Dime tú, yo tirándome de un paracaídas. Yo soy ese al que no se le abre. Pero además yo no sé tirar ni un tiro. Y ¿si me explota una granada en las manos y más nunca puedo tocar? No, conmigo, ni hablar».
 
            En ese momento le dije a mi amigo acompañante que teníamos que ir a hablar con el oficial que estaba al frente y decirle que ya nosotros estábamos asignados en la Banda de las Milicas de Tropas Territoriales. Así lo hicimos y le contamos.

            Entonces el oficial nos miró con cara extrañada y frunciendo las cejas. Mi colega iba con su flauta en su estuche y yo con mis baquetas de percusión sobresaliendo de un porta baquetas.
            –¿Y entonces Uds. qué coño hacen aquí? ¿Uds. están con el coronel Barbón?
            –Sí, claro. Nosotros pertenecemos al Batallón de Ceremonias. Es nuestra Unidad de Reserva. -contesté.
            El oficial nos miró serio, de arriba abajo y nos dijo:
            –Uds. no tienen nada que hacer aquí. Así que…se pueden ir– y miró su libreta.
            –¿Por qué puerta?- pregunté yo.
            –Por la segunda…
            Cuando viró la cabeza, ya mi colega y yo estábamos saliendo por la puerta.
            ¡Nos libramos por los pelos!
 
Septiembre 2026


lunes, 21 de septiembre de 2026

 

Foto. Compay Segundo y yo en la trastienda del mítico bar de Vigo "El Malecón".

¡Óigame compay! ¡Eso está atravesao!
Una anécdota con Compay Segundo.


¡Óigame compay! ¡Eso está atravesao!
Así resonó la voz profunda, grave y convincente de Compay Segundo en el recinto del auditorio Castrelos cuando fuimos a ensayar “Para Vigo me Voy” aquel 23 de Julio del 2000.
Trataré de ser escueto. Pero esto lo van a leer músicos y no músicos. Por eso me extenderé un poquito en explicar cosas que solo los músicos entendemos.
Años antes, cuando se grabó el emblemático CD “A Irmandade das Estrelas” (1996) del gran músico, gaitero gallego Carlos Núñez, este me invitó a Madrid para ponerle algunas percusiones a la pieza “Para Vigo me Voy”. Y allí me fui con mis cachivaches. Llegué a Madrid un domingo por la mañana en tren y acto seguido me dirigí al estudio de grabación. Enseguida pusimos mano a la obra.
Cuando escuché la base musical sobre la que tenía que trabajar, YA HECHA, FIJA, SIN POSIBILIDADES DE CAMBIO, me di cuenta enseguida que en medio de la pieza había que hacer lo que en cubano llamamos “un pase de clave” para poder cuadrar bien el entramado rítmico. Yo tenía que armar un ritmo de Conga con cencerros, tumbadoras, etc. Así se lo comuniqué a Carlos y así lo hice.
Los músicos cubanos, cuando escribimos, tocamos, grabamos, etc., música cubana (y diría yo que también en músicas universales) siempre andamos cuadrando “la Clave”, cuadrando la música. Y en música cubana cuando esto no queda bien se dice que la música está “atravesada”, vaya, ¡que no encaja bien! Y no cuadrar bien la música es casi un sacrilegio musical.
Yo lo explico, lo mejor que puedo, en mi corto ensayo “El Problema de la Claves Rítmicas que rigen en la Música Cubana”: https://percuseando.wordpress.com/2009/07/04/37/
Los músicos que grabaron días antes que yo, nada más y nada menos que La Vieja Trova Santiaguera con Reynaldo Hierrezuelo y demás, ¡casi nada!, habían hecho su VÁLIDA versión de la pieza y yo tenía que adaptarme a lo que había grabado. Entonces yo arreglé el problema con el truco del “pase de clave”. Y así quedó terminada la grabación. NO ERA NADA GRAVE. Pasa en numerosas obras de soneros y cantadores tradicionales cubanos.

Entonces, ahora viene la anécdota.
Aquel día, el 23 de julio del 2000, años después de la grabación, nuevamente Carlos me invitó a participar en su actuación en vivo en el auditorio al aire libre de Castrelos en Vigo, junto a Compay Segundo el cual iba a participar como invitado en el “Para Vigo me Voy”. Para eso, el mismo día de la actuación tuvimos un ensayo previo, de oído, sobre la base de lo que se había grabado años antes.
En cuanto Compay oyó la grabación de referencia, en el mismo instante en que se produce el “pase de clave” se oyó en todo el recinto la voz resonante, grave y convincente de Compay:
¡Óigame Compay! ¡Eso está Atravesao!
Enseguida TODO EL MUNDO MUNDIAL se viró hacía mí y me clavaron los ojos, conocedores de que yo era el que había puesto las percusiones en la grabación y por lo tanto YO ERA EL CULPABLE de semejante sacrilegio musical.
Miren, yo pasé tremenda vergüenza ajena, porque, que, a un músico, además percusionista, lo señalen como “atravesao” era muy fuerte.
Enseguida dije que Compay tenía razón y expliqué lo ocurrido en la grabación. Entonces Compay, resolvió el “pase de clave” de otra forma: quitó un compás en un momento dado de la música y todo “cuadró” sin “pase de clave” hasta el final de la pieza. Y así fuimos a la actuación en vivo.

Hasta aquí la anécdota.

Los invito a oír las dos versiones:
• “Para Vigo Me Voy” en el CD “A Irmandade das Estrellas” (1996) de Carlos Núñez con la Vieja Trova Santiaguera. (Plataformas).

(con “Pase de Clave”)

Vamos a la Conga, ¡Ay, Dios!
Vamos que ya suena, el Bongó
Las maracas suenas ya,
Y ya repica el timbal,
Mi negra vamos detrás
Ay que ya la conga no vuelve más

(Ahora repite con “pase de clave”)

Y sigue con “pase de clave”

(Estribillo)
Para Vigo me voy…etc.
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• “Para Vigo Me Voy” con
Carlos Núñez y Compay Segundo en el Auditorio de Castrelos, Vigo, 23 de julio 2000. (YouTube).

(Compay quitó un compás)

Vamos a la Conga, ¡Ay, Dios!
Vamos que ya suena, el Bongó
(aquí Compay quitó un compás de la grabación original)
Las maracas suenas ya,
Y ya repica el timbal,
Mi negra vamos detrás
Ay que ya la conga no vuelve más.

(repite y sigue ya, sin más)

(Estribillo)
Para Vigo me voy…etc.

En mi opinión, las dos versiones están bien Son cosas de músicos.

FIN.

jueves, 27 de agosto de 2026

Aniversario 50 de la fundación del Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA)

 

Aniversario 50 de la fundación del
Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA)


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Año 2017. Entrada del Instituto Superior de Artes de La Habana (ISA), hoy Universidad de las Artes. De izquierda a derecha: Profesora Damarik Favier, Doctora Mary Rosa Hernández (EPD), Yo, Profesor Alberto Batista Hernández, mi sobrino José Enrique y mi hijo Marcos Luis. Foto cortesía de mi nuera Sylvia Suárez.


        En estos días —julio de 2026— se conmemoran los 50 años de la creación del Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA), actualmente denominado Universidad de las Artes de Cuba. Yo fui uno de los fundadores como estudiante en la Licenciatura en Percusión. Previamente yo había estado, durante 3 años realizando mis estudios de Bachillerato en el Instituto de La Habana en lo que se llamaba Facultad Obrera, nocturna. Ya yo era músico de la Orquesta Sinfónica Nacional y profesor en algún conservatorio de La Habana.
Por aquel entonces – julio de 1976- en Cuba no había ningún profesor de Percusión con título superior para impartir clases adecuadas al nivel. Así que se le encomendó al profesor Domingo Aragú, viejo reconocido músico y pedagogo cubano (no necesitaba título), encargarse del asunto. Para eso, a su vez, él delegó en el ya joven y prestigioso percusionista cubano Luis Barrera Perea. Mi hermano Jorge Valcárcel Gregorio estaba en esos momentos culminando sus estudios superiores de Percusión en Poznan, Polonia.
        Yo ya era, por aquel año, percusionista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN). Recuerdo que dudé entre presentarme a las pruebas de Dirección Orquestal —opción que me habría gustado mucho— o a las de Percusión. Al comentárselo a mi “mentor”, amigo y colega Luis Aragú, este me dijo:
        –Muchacho, ¡coge el palito, que ese no suena…!
        Y creo que él acertaba al recomendarme la Dirección de Orquesta, pero yo me consideraba demasiado noble de carácter para ponerme al frente de una orquesta de más de 60 músicos, que, jocosamente, también podían verse como 60 HH. de la gran P. con el cuchillo en la boca, dispuestos a joderte a la primera. ¡Ja, ja, ja! Además, en aquellos años, aparte de la OSN de Cuba, había en el país muy pocas orquestas sinfónicas de nivel. Entonces me decidí por lo que ya conocía: la Percusión.
        Así que aprobé satisfactoriamente la prueba de admisión —recuerdo al maestro Gonzalo Romeu como miembro del jurado— e ingresé entre los primeros estudiantes de nivel superior de Percusión en Cuba.
        Hay que decir que, en esos años iniciales, no contábamos con el material técnico ni con el instrumental necesarios. Por ejemplo, durante mi época en Cuba nunca tuve una marimba en mis manos. Además, no existían Internet, los archivos MP3 ni las fotocopiadoras. Así que aquello comenzó a funcionar con los libros disponibles y con lo que nos llegaba del extranjero cuando alguien viajaba. Barrera puso a nuestra disposición —como ya lo hacía cuando éramos colegas en la Orquesta Sinfónica Nacional— todo el material que recibía. En principio, tuvimos tres aulas: las dos últimas del pasillo que daba a la piscina del edificio y otra situada al frente.
        Dos años después de la fundación del ISA, mi hermano Jorge concluyó sus estudios superiores en Polonia y regresó a Cuba. Como primer graduado universitario de Percusión, asumió, junto con Luis Barrera, la dirección del departamento de Percusión del ISA.
        Entonces, aunque todavía era alumno, ellos me encargaron la asignatura de Conjunto de Cámara, que ya tenía acreditada por pertenecer a la Orquesta Sinfónica Nacional. Entre mis primeros alumnos y colegas recuerdo a Emilio Vega, Eugenio Arango (EPD), Juan Cisneros, Lázaro Poey, Miguel A. de Armas, Oscarito Valdés (EPD), Roberto Vizcaíno Sr., entre otros. ¡Qué gente, qué tropa, cuánto talento!
        Casi todos ellos, como la inmensa mayoría de los alumnos de Percusión en Cuba, eran amantes de la música popular cubana, el jazz, el latin jazz, el rock y otros géneros. A mí también me atraían todas esas expresiones musicales. Por eso, ante la falta de literatura musical, lo primero que pensé fue cómo integrar y combinar elementos de la “música clásica o académica” con los de la “música popular”. No recurrí a los compositores conocidos de la época, porque mis inquietudes estaban más relacionadas con los intereses de los alumnos y con los míos propios. Recuerdo que mi hermano Jorge me dijo que el problema de escribir para percusión era que “los percusionistas no sabíamos nada de composición y, viceversa, los compositores no sabían nada de percusión”. ¡Ja, ja, ja! Entonces comencé a escribir música para mi asignatura y a realizar arreglos. Así surgieron mi “Danzón para Dos”, mi sexteto “Afroimagen” y, más tarde, “Invitación”, entre otras obras.
        En esos años también surgió la asignatura de Percusión Cubana en el ISA.
Tal como digo en mi libro “La Percusión Popular de Cuba; sus instrumentos y sus ritmos”:
         “En 1976 nació en Cuba el Instituto Superior de Arte de la Habana. Se puede decir que con su nacimiento surgió por primera vez en Cuba, la enseñanza académica de los instrumentos de la Percusión popular y folclórica.
Por iniciativa del profesor y compositor Carlos Fariñas (que por entonces era Decano de la Facultad de Música), el profesor Justo Pelladito -músico, cantante y bailarín del Conjunto Folclórico Nacional-, comenzó a brindarnos sus conocimientos en la recién estrenada institución. A partir de ese momento y como consecuencia de ello, los programas de estudios de las escuelas elementales y medias de música de todo el país instituyeron la enseñanza de estos instrumentos, los cuales no estaban contemplados en los planes de enseñanza de la música”.
        Fue un verdadero acierto del profesor, compositor y decano de Música Carlos Fariñas. Gracias a él hubo una verdadera explosión a nivel nacional.
        Las asignaturas a estudiar en la época, repartidas en 5 años, eran:
        • Comunismo Científico.
        • Percusión Sinfónica.
        • Conjunto de Cámara.
        • Piano complementario.
        • Historia de la Música.
        • Percusión cubana.
        • Historia de los Instrumentos de Percusión.
        • Metodología de la Enseñanza de la Percusión.
        • Economía Política.
        • Psicopedagogía.
        • Análisis musical.
        • Estética Marxista Leninista.
        • Cultura cubana.
        • Historia del Movimiento Obrero y de la revolución Socialista de Cuba.

        Entre mis profesores conservo un cariño especial por quien fuera mi profesora de piano complementario durante aquellos años, Marta Bonachea. También recuerdo a mis profesores de Historia de la Música: el gran Federico Smith, un profesor bohemio, norteamericano y enciclopedia viviente, y Juozas Antanavičius , eminente profesor lituano llegado a Cuba mediante un convenio con los países socialistas. Este nos hacía 50 preguntas breves y también debíamos identificar fragmentos musicales del repertorio internacional que el tocaba al piano. No recuerdo el nombre del profesor de Comunismo Científico; solo sé que era psiquiatra del Hospital Psiquiátrico Nacional (Mazorra). Recuerdo asimismo a Odilio Urfé, profesor de Historia de la Música cubana. Les guardo especial agradecimiento a mi colega y compañero de orquesta, Luis Barrera, y a mi hermano Jorge.
        Mi recital de graduación el día 15 de junio de 1981:
        • Karolyi, Pál. “Formations” para Vibráfono.
        • Milhaud, Darius. “Concierto para Marimba y Vibráfono”.
        (Lo toqué en una Xilomarimba y me acompañó al piano mi excelentísima y querida colega en la OSN, Pura Oritz. Un lujo).
        • Beck, John. “Sonata para Timpani”.
        • Rudzinsky, Witold. “Variaciones y Fuga para percusión”.
        Mi calificación fue la máxima: 5.
        Después de graduarme, continué desempeñándome como profesor de Percusión y Conjunto de Cámara hasta 1991, año en que la vida me llevó a Vigo, España, donde continúo residiendo hasta hoy.
        En 2017 viajé por última vez a Cuba y fui recibido muy amablemente en el ISA por mi amiga, la entonces decana de Música, Mary Rosa Hernández, profesora Damarik Favier, profesor Alberto Batista y el rector, Alexis Seijo García. Ese día participé en un conversatorio e intercambio con alumnos de Percusión.
        Marcos M. Valcárcel Gregorio, Julio, 2026.


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sábado, 14 de febrero de 2026

 




La playa de Guanabo en La Habana y Mi Arroz con Mariscos.


Desde hace tres días aproximadamente tenía un capricho de “jamaliche cubano”: hacerme un arroz amarillo sencillo, con mariscos. Y hoy llegó el día.
Pero antes déjenme hacerle una pequeña historia. Cuando era niño, hace ya 68 años, a finales de la década del 50 del pasado siglo, recuerdo un día en que mis tíos Mirta y Macho nos llevaron a mi hermano Jorge y a mí a la playa de Guanabo en el este de La Habana. Fuimos a visitar al padrino de mi tío, Manolito, en una casa que tenía alquilada en el famoso balneario habanero. En Vigo pudiéramos compararla con Samil, Playa América o Área Longa.
La playa de Guanabo, acompañada de las brisas y el calorcito del caribe cubano olía a pescados, arroces con mariscos, paellas, rones y cervezas, etc. Y además, paseando por sus calles se oía en todo los momentos el sonido de las Victrolas (gramolas) de los bares de las esquinas que reproducían música de la Orquesta Aragón o de las de la época. Pero de aquellas la Aragón estaba “pegá” por todos lados. Se sentía el bajo, las tumbadoras, las voces características de sus cantantes y sus éxitos del momento como eran: “Caimitillo y Marañón”, “Clavelitos”, “El Bodeguero”, “Sabrosona”, etc. Parecía que la gente caminaba bailando por las aceras.
Y de aquellas, ya existía la venta de comida preparada a domicilio: las famosas cantinas. Y el padrino de mi tío encargo para aquel día varias raciones de arroz con marisco. De ahí mi antojo de hoy.
Entonces, hoy 14 de febrero, aquí en mi piso de Vigo, me puse a preparar “MI arroz con mariscos” tratando de rememorar ese ambiente de aquella época. Puse mi música de “la Aragón”, me serví una cerveza Estrella de Galicia en copa helada y comencé a cocinar. Sofrito con cebolla, ajo y pimiento rojo; pedazos de calamares, colas de gambones gruesos, recortes de pechuga de pollo, algunos chipirones, trocitos de salmón, o sea, lo que tenía a mano. Cocinado todo con cerveza y vino blanco, con un poco de pimentón picante y limón. Al poco rato le eché el arroz valenciano redondo con un poquito de puré de tomate. En media hora estaba comiendo. Les juro que me quedó “PARA LOS DIOSES”.
Y comí recordándome -como siempre me pasa cada día desde hace 35 años- de mis compatriotas en Cuba. Ojalá esta comida fácil aquí la pudiera compartir con muchos de ellos.
Algún día, algún día...








miércoles, 11 de febrero de 2026

 

















A propósito de Bad Bunny en la Superbowl, el Reguetón y demás consideraciones.

Yo soy de Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Wagner, Mahler, Strauss, Ravel Debussy, Stravinsky, Shostakovich, Música cubana, Jazz y Latin Jazz, la Rumba, por ahí pá’bajo y pá’rriba…
Hace unas semanas tuvimos un cumpleaños en mi casa y vinieron mis familiares incluida mi nieta de 13 años. Mi hijo se puso a pinchar música variada para bailar y entre distintos géneros puso Reguetón y YO bailé Reguetón y ME DIVERTÍ MUCHÍSIMO bailando con mi nieta. Para bailar no me sirven Bach ni su compañía, por mucho que SIENTA DEVOCIÓN por ellos.
Como músico de formación académica trato de no cerrarme a ninguna música y de vez en cuando oigo lo que aparece nuevo, desde la época de la Timba cubana hasta los recientes Reparteros. Y hay cosas buenas, muy buenas y también malas malísimas, como en todo tipo de músicas incluida la mal llamada “clásica”.
No vi la Superbowl. Pero días antes había escuchado el nuevo álbum de Bad Bunny, ganador de un Grammy 2026 y les confieso que no me disgustó. La factura musical es buena dentro de su contexto. ¿Las letras? No me gustan, pero son el reflejo de la calle, de nuestros barrios latinos.
¿El show de la Superbowl? ME ENCANTÓ y sobre todo cuando salió mi Lady Gaga cantando y bailando en latino.
Que me perdonen todos los puristas y militantes de todos los bandos.
Creo que me están cayendo los años…PERO ME GUSTÓ.


Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).

  Recuerdos del Servicio Militar Obligatorio (SMO).           En plena Guerra Civil de Angola , alrededor del año 1980 yo tenía 28 años y ...